"Nunca dudes que un grupo pequeño de ciudadanos comprometidos puedan ser capaces de cambiar al mundo, de hecho, ha sido lo único que lo ha cambiado."
(Margaret Mead)

miércoles, 12 de agosto de 2009

Pero, mamá...


Nos pareció muy buena idea apuntar a Hadrián y Lidia a un campamento urbano, que duraría cinco días, en Agosto. El horario era de 10.30 a 17.00 y uno de los días harían senderismo, otro de los días irían a una playa, y el resto de días, multitud de actividades, la mayoría al aire libre (aunque algunas no fueron así , por el mal tiempo, pero bueno.
El caso es que día a día venían contentos, muy cansados, contando varios juegos nuevos que habían aprendido, o la conversación que habían tenido con tal o cual niño, o el nuevo deporte que les habían enseñado, o el menú que les había tocado en la comida.
El viernes terminó y les dieron un diploma y unas manualidades muy chulas que estuvieron haciendo. Vinieron muy contentos.
Cuándo llevé a Hadri a la cama, por la noche, le dije que podía dormir todo lo que quisiera, que ya se había terminado el campamento. Él me miró, ya con cara de mucho sueño, y me dijo, "¿sabes mamá? me lo pasé genial en el campamento urbano, pero el año que viene, no quiero volver." Me extrañó mucho, y le pregunté porqué.
"Porque no nos dejaban jugar más que diez minutos en todo el tiempo".
Y le contesté si no se suponía que estaban haciendo juegos con los monitores casi todo el rato.
Él me miró lánguidamente, con esa mirada de "tía, no te enteras", y me contestó, "Pero mamá, eso, no es jugar...".

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