"Nunca dudes que un grupo pequeño de ciudadanos comprometidos puedan ser capaces de cambiar al mundo, de hecho, ha sido lo único que lo ha cambiado."
(Margaret Mead)

lunes, 5 de julio de 2010

Exigir o motivar

En los cursos, y en la calle en general es fácil para mi escuchar esta frase. "Si el profe no exige a los niños, no aprenden nada, y luego vienen los problemas". Sin embargo mi trabajo, cuando trabajo con niños, consiste en paliar los efectos de las exigencias que han recibido en el cole. Yo suelo hablar en forma de comparaciones, y así consigo que nos demos cuenta. Es algo muy visible, pero no nos paramos a reflexionarlo.


Estamos en el trabajo. Y tenemos un jefe muy exigente. Viene y nos dice que no vamos a llegar a nada. Que en esa empresa perdemos el tiempo porque no conseguimos el objetivo "X" que ha marcado el jefe de la organización en cuestión. Normalmente esto nos sienta como un rayo. Y en contadas ocasiones nos apetece trabajar más. Más bien nos apetece mandarle a tomar viento. O nos pincha en el orgullo, y en ese caso, muy enfadados decimos vamos a demostrarle a este "don", que está equivocado y que se coma sus palabras con patatas. Este segundo caso suele usarse a veces, llamandole "psicología inversa" para conseguir los objetivos.
Si en el mismo trabajo nos cuentan todo lo que hemos avanzado, y los puntos débiles que tenemos. Si además nos preguntan nuestra opinión. Cómo creemos nosotros que podemos solucionar lo que está sucediendo. Nos sentimos incluidos, tomamos decisiones conjuntamente, y las estadísticas muestran que las empresas que usan este tipo de trabajo, aumentan su producción entre un 70 y un 80%. Y todos tan felices.


Los niños también son personas. Y reaccionan positivamente a la inclusión. Varios colegios ya han probado las exelencias de este método. Y los resultados son excepcionales. Desaparece la violencia. Aumenta el rendimiento. Favorece la autoestima en profesores y alumnos. Pareciera que no tiene desventajas, y es que no las tiene. La única desventaja es el tiempo de aprendizaje. Los adultos necesitamos dedicar un tiempo al aprendizaje de nuevas habilidades de comunicación.

Y los hogares no son una excepción. En los hogares regresa la armonía cuando nos comunicamos con respeto. En realidad no existen diferencias entre hogares, escuelas y lugares de trabajo. En realidad son relaciones humanas. Si los adultos del presente hacemos el esfuerzo de aprender, los adultos del mañana ya lo traerán aprendidos. Porque los niños aprenden por imitación.

Fuente: http://sincastigos.ning.com

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