"Nunca dudes que un grupo pequeño de ciudadanos comprometidos puedan ser capaces de cambiar al mundo, de hecho, ha sido lo único que lo ha cambiado."
(Margaret Mead)

lunes, 16 de agosto de 2010

El rol de victima

Este es un rol bien definido. Se gesta en la infancia, en la primera infancia. Antes de los dos años de vida ya está instaurado. Y las experiencias futuras serán acopladas a este rol. Es más, el comportamiento de una persona con este rol, le llevará a confirmar su creencia a saber: "todos son malas personas, y le harán daño tarde o temprano".
Ya se que la primera afirmación parece demasiado rotunda, pero si has estudiado sobre el tema ya no te lo parece tanto. Comenzaremos hablando de los tipos de apego y cómo se generan. Estas definiciones parten de los estudios que llevó a cabo Mary Ainsworth. Ella observó la reacción de bebés en situación extraña (definida cómo quedarse sólo con un desconocido). Descubrió varios tipos de apego, según el comportamiento de los niños. Hizo un seguimiento del modo de interactuar de la madre con el bebé. Lo interesante de este estudio es comprobar que existe un tipo de apego seguro y varios inseguros. El tipo seguro conduce a una personalidad sana. Los inseguros conducen a otros tipos de personalidad, no tan "sana".
Se hizo un seguimiento de esos niños hasta la edad adulta, para comprobar los efectos de esas reacciones en concreto. Y se descubrió (entre muchas otras cosas) que los niños que habían tenido un patrón seguro, tendían a tener y mantener su trabajo. A sentirse felices con su trabajo, a tener relaciones estables y felices. Y que además tendían a establecer un vínculo seguro con su descendencia. Mientras que los niños que mostraban los tipos de apego inseguros, tendían a ser infelices en sus trabajos, a tener relaciones inestables, y a establecer un vínculo inseguro con su descendencia.
Llegar desde este punto a la afirmación con la que comienza este artículo, ya no resulta tan difícil. Me gusta describir el tipo de relación madre/cuidador principal con el niño como un continuo, desde la atención completa y personalizada hasta la más completa desatención, pasando por los malos tratos y abusos. El niño que sufre malos tratos, vejaciones, chantajes, abusos, etc, tiende a situarse en el papel de víctima, o en el papel de verdugo, e ir perpetuando ese papel en su vida. Imaginemos dos niños, uno que golpea y el otro que recibe. Lo ideal sería que un adulto responsable les separara. Hasta ahí "casi" que cualquier persona estaría preparada para hacerlo. El "problema" aparece cuando verbalizamos con esos niños lo que "ha sucedido".
Lo que más he escuchado hasta ahora en estos casos es: "te portaste mal, le pegaste a fulanito, eso no se hace, vete al rincón y piensa en los que has hecho," o cualquier variación similar que deja al niño que golpeaba en el papel de verdugo. Además, el adulto que hace eso se está atribuyendo a su vez el papel de juez y condenando a ese niño. Veamos lo que suele recibir el niño golpeado: "pobrecito, mira que malo es fulanito que te ha pegado, ¡si alguien te pega, defiéndete!, " o cualquier variación de estas. Así al niño golpeado le hemos asignado (los adultos cómo jueces) el papel de vícitima. Esto se une irremediablemente a los patrones de apego de los que hablaba antes, ya que los niños de apego seguro no suelen entablar este tipo de relaciones, dándose casi exclusivamente las peleas a golpes entre niños de los patrones inseguros.
¿Se puede romper el papel de víctima? la respuesta a esta pregunta es sí. Y de hecho se rompe, unas veces de modo violento y otras de modo más armonioso. Todos hemos escuchado que los niños que han sido golpeados en su infancia tienen un alto porcentaje de ser golpeadores en la vida adulta. Este es un modo de romper el rol de víctima, solo que es convirtiendose en verdugo de otro ser indefenso, de otro niño. El otro es la terapia. Un estudio sobre niñas maltratadas en la infancia y que se habían jurado a sí mismas no golpear a sus hijos, reveló que sólo aquellas que habían hecho terapia sobre su infeliz infancia habían podido cumplir su promesa. Las que no hicieron terapia, golpearon a sus hijos, perpetuando así el rol de la víctima.
Este rol afecta en muchos más planos. Cómo ya decíamos antes, en las relaciones en la vida adulta. En el tipo de trabajo que hacemos. Y en el tipo de relación de pareja que establecemos. Muchos celos patológicos están mediados por esta creencia que se gesta en la infancia. La de qué todos van a hacernos daño, y ese todos incluye a nuestra pareja. Muchas, por no decir todas, de las relaciones basadas en la dependencia emocional están basadas en este tipo de patrones. Dicho así, lo que nos queda es comprobar que tipo de relaciones mantenemos con los demás para comprender el tipo de rol que adquirimos mientras fuimos niños. Y cómo hemos ido perpetuando ese rol a medida que crecíamos. Y sobre todo, qué hacer para entrar en una relación sana.

Tomado de www.sincastigos.com

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