"Nunca dudes que un grupo pequeño de ciudadanos comprometidos puedan ser capaces de cambiar al mundo, de hecho, ha sido lo único que lo ha cambiado."
(Margaret Mead)

sábado, 11 de junio de 2011

Crecer sin condiciones.

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Para la mayor parte de los padres la mirada de cualquier persona, vecinos, amigos, conocidos, médicos, maestros, nuestros propios padres, familiares...es más importante que las necesidades propias de sus hijos. Esta mirada esta marcada por la educación, educación en la parte mas restrictiva de la palabra, que distingue entre niños “bien educados” y niños “maleducados”, como si esta fuera la única razón de ser.
Así pues, un niño bien educado., “será un niño bueno”, un individuo bien “adaptado” al entrono social. Así los niños buenos,:Esperan callados y quietos. No interrumpen las conversaciones de los mayores, no replican, no insisten, obedecen las instrucciones de los mayores, duermen solos toda la noche, se lo comen todo, no se manchan, no pegan , no gritan, no se mojan, no lloran, no se enfadan, son responsables, llaman a la puerta antes de entrar, son respetuosos, no hablan fuerte, piden perdón y las cosas por favor. Dan las gracias, no discuten con sus hermanos, son cuidadosos con sus juguetes, los comparten siempre, se acuestan pronto, se levantan temprano, cumplen con sus obligaciones escolares, mantienen limpia su habitación, recogen sus cosas...Tantas y tantas cosas. Siempre sometidos al juicio de tantas personas, que será difícil, sacar un sobresaliente social, imposible.
Pero en realidad ,¿quien tiene el interés de trasladar su sentido de valía, su aceptación por parte de la sociedad, al niñ@?
Nuestr@s hij@s nacen y sienten que si les aceptamos, que si les queremos incondicionalmente, todo vendrá dado. Sentirse seguros de que esto es así, es la única base real de una buena educación en toda la amplitud de la palabra. Una crianza con contacto, amorosa con presencia
les da un acceso a una educación libre, respetuosa, a su ritmo...
Tal como nos hubiera gustado crecer, si hubiéramos podido pensar en nuestros deseos y alguien los hubiera escuchado. Como reflejo de nuestra propia alma, nuestros hijos nos manifiestan nuestras carencias, nuestras limitaciones, nuestros deseos no satisfechos. Al habernos sido negados, recordarlo, nos duele, y entonces les increpamos, les reprochamos, que no hagan lo que a nosotros nos exigieron a fuerza de autoridad. Nosotros ya vendimos nuestra alma al diablo, no imaginábamos que la eterna juventud supusiera no poder “crecer “para así poder seguir reclamando el reconocimiento, la aceptación de todos los que nos rodean, eternamente, sin sentirnos satisfechos jamás. Y así pues entregamos a nuestros hijos a cambio de esa aceptación y nos llena escuchar expresiones tales como: Mira que bien se porta, que educado está. Así nos sentimos “Dentro” aceptados y protegidos por la sociedad, que supuestamente nos ampara. Toda esta estructura, se valida, apoya y sustenta en la escuela tradicional. Una escuela obsoleta, en la que se ha sustituido la autoridad firme por un concepto sutil de autoridad, que nos pasa desapercibido, pero que no contempla al individuo, ni lo tiene en cuenta. Una escuela en la que prevalece comportarse, a aprender; siendo monótona , aburrida y carente de interés para un niñ@ vivo, con ganas de moverse, jugar e interactuar con otros niñ@s. Delegamos en esta escuela la educación de nuestr@s hij@s, olvidándonos de que es responsabilidad nuestra, nos sometemos a sus preceptos, tal como lo hacíamos de pequeños. No cuestionamos, no intervenimos...
Asumir la educación de nuestros hijos, supone para nosotros crecer como padres y como personas. Es ofrecer otras alternativas a nuestros hijos, es dejarles elegir su futuro, es llevarles a ser seres libres e independientes, con ideas propias, creativos. Supone crecer felices y por ende, con salud. Educar en casa no es fácil, nos hace cuestionarnos día a día, vivir el presente, priorizar constantemente. Supone respetar sus decisiones, apoyarlas, es acompañarles en su desarrollo, proporcionándoles las herramientas que nos pidan. Es aceptar incluso que no llenen nuestras expectativas. ¿Estamos preparad@s?.

3 comentarios:

  1. La pregunta con la que finalizas tu entrada, tan bien expuesta y clara,tiene múltiples respuestas pues no puede ser general dado que cada persona es un mundo y cada respuesta está condicionada por las vivencias, experiencia, formación, situación, entorno, principios, educación, cultura, intereses, motivos,... de cada cual. Por otro lado pienso que cuando iniciamos un viaje hacia lo desconocido nunca estamos preparados pues no sabemos qué nos deparará pero lo que si es cierto, es que si lo hacemos con convencimiento, ilusión y ganas de aprender se van venciendo los obstáculos aumentando, a su vez, la seguridad y la autoconfianza en uno/a mismo/a y en los propios instintos que, por naturaleza, poseemos (esos que tanto se reprimen y nos han reprimido)y, cada día que pasa, nos vamos sintiendo más realizados y preparados ya que vamos aprendiendo y adquiriendo experiencia y dominio; continuamos creciendo y madurando como personas pero al lado de nuestros/as hijos/as y compartiendo aprendizajes vamos aprendiendo a vivir. Educar a los/las hijos/as es un viaje desconocido que empieza en el útero materno, un viaje acompañado, un viaje vital y muy personal, un viaje que para cada cual tiene un rumbo y un destino pues es un viaje que forma parte de la vida propia de cada ser.

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  2. Sobre la buena educación y la no tan buena....
    Es muy difícil definir educación, y es verdad que se educa con el fin de que las personas se adapten a la sociedad en que se vive. En la educación tradicional no se les educa se les instruye y se les marca el único camino por donde ir, en la educación que no quieren llamar tradicional pero que continúa siéndolo, se les deja gritar, descontrolarse, subirse a las mesas, porque el niño necesita moverse y ser libre.
    La educación es otra cosa, es aprender a vivir dentro de unas normas que queramos o no ya están impuestas, pero que depende de quien las viva y las reflexionen pueden ser cambiadas. Lo normal es que los niños no se cuestiones muchas veces el porque de ciertas costumbres y cuando comienzan a cuestionarse se les frene, hasta que ya no hagan más preguntas. El sistema escolar favorece al sistema implantado.
    Los personas están bien educadas cuando simplemente son capaces de respetar al otro, cuando ha aprendido a vivir con los demás y se siente uno más del grupo. No cuando obedece aún sabiendo que eso que hace va encontra de él y de sus pensamientos. La moral se aprende de los otros una vez que la persona es capaz de reflexionar sobre lo que es la realidad o lo que él cree que debería ser, comienza a tener una moral autónoma. Muchas personas no llegan nunca a tener y vivir con esta moral autónoma. La buena educación el el valor de vivir en cada momento la libertad que nos da la razón, el pensamiento, la justicia, lo demás son modales, modales aceptados o no por los demás.

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  3. Juana, me encanta como acabas tu comentario! Completamente de acuerdo!

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