"Nunca dudes que un grupo pequeño de ciudadanos comprometidos puedan ser capaces de cambiar al mundo, de hecho, ha sido lo único que lo ha cambiado."
(Margaret Mead)

lunes, 13 de junio de 2011

Jorge

Octubre 2003:

Jorge aún no ha cumplido dos años pero como en diciembre cumplirá tres, ha empezado a ir al cole. Desde el primer día llora todas las mañanas, pero su madre tiene que ir a trabajar. Ella realmente no quiere dejarlo allí, pero todo el entorno intenta convencerle de que es normal que al principio lloren, que allí se lo pasan muy bien con otros niños de su edad. A Ana no le convence mucho esto, pero no encuentra la solución. Ella tiene que ir a trabajar, toda su vida se ha preparado para ello. Lo suyo no es ser ama de casa. Estudió muchos años y tiene un buen trabajo. Hasta ahora, desde que cumplió 16 semanas, a Jorge lo cuidaban sus dos abuelas por las mañanas. Pero siempre que deja al niño en el colegio se queda mal y algunos días llora de camino al trabajo.

Este día Ana no ha ido a trabajar y decide pasar la mañana en el parque que rodea el colegio para ver a su niño. Lo ve en el recreo, a lo lejos. No quiere decirle nada para poder hacerse una idea de cómo se desenvuelve él. Desde que empezó el curso ya no es el mismo niño tan alegre y salao que era. Está triste. Lo ve allí, solito, sentado en el suelo, sin jugar con nadie entre la multitud de niños de infantil que han salido al recreo y que corretean de un lado para el otro. Al cabo de un rato empieza a jugar con otro niño. Ana se tranquiliza un poco.

Cuando vuelven a las clases, decide acercarse a la zona donde dan las ventanas de su aula. Le da vergüenza que puedan verla, como si no tuviera derecho a saber lo que allí sucede. Así que no se acerca demasiado, lo ve de refilón pero no lo oye. Llega la hora en que termina la clase. Algunos niños irán a comer a su casa pero Jorge se tiene que quedar en el comedor. Normalmente Ana está en el trabajo a esa hora y no quiere abusar de la familia. Es hora de irse. De pronto oye gritos “Quiero irme a casa, quiero ir con mi mamá”. Reconoce la voz de su hijo. Ve que salen los niños que se van a comer a casa y no los que se quedan. Lo oye gritar, diciendo que él también se quiere ir. Ana sufre con su hijo pero piensa que no puede hacer nada. Por fin los ve salir, todos alineados y Jorge llorando y diciendo que quiere ir con su mamá. Una monitora del comedor se burla de él “¿Con tu mamá?”. Ana quiere entrar y llevarse a su hijo de allí, pero se queda paralizada y no va en su búsqueda. Luego llamará por teléfono y hablará con un monitor del comedor.

No. No entré a rescatar a mi hijo. No reaccioné. Creí que no podía ser. No tenía el apoyo de nadie. Pero nunca he olvidado este momento ni lo que sentí viendo sufrir a mi hijo.

Junio 2011:

Se acerca el verano. Este curso Jorge, que ya tiene diez años, no ha ido al colegio. Después de años pidiendo no ir al cole, cuando le propuse no ir más, se negó. No quería sentirse raro. Sin embargo, cambio de opinión en el último momento, en septiembre, cuando asistimos al encuentro de ALE y vió lo normales que eran las familias que optan por la educación en casa. Este año lo he visto feliz y relajado.

Jorge es un niño muy curioso. Desde pequeño le han encantado los libros. Le gusta mucho levantarse pronto y leer un rato en la cama. A Jorge le encanta aprender. Sus temas favoritos son la zoología, la mitología y la historia antigua. Y, como a cualquier niño, le encanta jugar.

1 comentario:

  1. "Errar es humano y rectificar es de sabios" y "Nunca es tarde cuando la dicha es buena" Lo más importante es que Jorge sea feliz pues por lo que cuentas lo pasó y lo pasásteis fatal en un pasado que ya fue. El presente y lo aprendido es lo que, realmente, cuenta para continuar avanzando, rectificando y aprendiendo de los errores, para mejorar el bienestar, la salud y la calidad de vida. ¡Felicidades!

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