"Nunca dudes que un grupo pequeño de ciudadanos comprometidos puedan ser capaces de cambiar al mundo, de hecho, ha sido lo único que lo ha cambiado."
(Margaret Mead)

viernes, 22 de julio de 2011

El arte de la motivación: las cuatro formas de relevancia

El arte de la motivación: las cuatro formas de relevancia

Leyendo la revista de homeschooling Mater et Magistra encontré este articulito que me ha sido útil. El autor es Andrew Pudewa, director del Institute for Writting Excellence y padre de siete hijos educados en casa. Os hago un resumen por si os puede resultar interesante. La traducción es libre y sin supervisar por el autor J

A veces es fácil pensar que un niño es vago; en realidad es extremadamente difícil que un niño en su estado natural sea vago. Ciertamente los que educamos en casa también tenemos la experiencia de hallar dificultad en que los niños realicen alguna tarea que les proponemos, y podemos caer en el “está siendo vago.” Sin embargo creo que cuando un niño dice “no me apetece hacer eso” o “no se me da bien”, etc, hay que ir a las causas profundas. Si las podemos identificar y reestructurar nuestra forma de interacción y nuestras expectativas la “vaguería” puede ser reemplazada por el entusiasmo – aunque puede requerir un trabajo por nuestra parte.

Decía Oliver Van DeMille: “Inspirar, no exigir.” Exigir es fácil (haz esto, o de lo contrario…) pero inspirar requiere maestría, es decir ser un verdadero maestro en el sentido profundo del término. También explica DeMille que para aprender hay que querer aprender. Uno puede aprender por exigencia y olvidarlo todo en cuanto pasa el examen (¿os suena?).

Con esto en mente, he aislado un factor que con frecuente determina si se va a dar el aprendizaje o no: es la relevancia. Si algo te resulta relevante (te interesa, te apasiona, te conmueve o te es útil) probablemente lo aprenderás sin dificultad. También he visto que hay cuatro tipos de relevancia: intrínseca, inspirada, construida y obligada.

Relevancia intrínseca: cuando algo es interesante porque sí. Tiene mucho que ver con la personalidad de cada uno y el ambiente en que se mueve. Claramente, hay intereses comunes a la mayoría de los niños que tienen que ver con la supervivencia: distinguir animales e insectos peligrosos o venenosos, por ejemplo. A la mayoría de niños varones les interesan las armas. Según van creciendo, los niños y las niñas van desarrollando intereses particulares a cada uno. Frecuentemente esos intereses son radicalmente diferentes a los nuestros. Hay que maximizar en el curriculum que les ofrecemos aquellos temas que son de relevancia intrínseca para nuestros hijos. La motivación y el aprendizaje serán mucho más efectivos.

Relevancia inspirada: también es bastante efectiva. Aunque un niño no tenga un interés natural por ciertas cosas, puede interesarse si alguien a quien ama o respeta tiene ese interés. El interés puede ser contagioso. Los niños pueden interesarse por algo que inspira a una amiga o a un hermano, o por aquello que apasiona al abuelo. Una madre que disfrute de la química puede despertar más interés en su hija que si intenta enseñar historia sin ninguna pasión. Aunque hay niños a los que es más fácil inspirar que a otros, esta forma de relevancia es útil y efectiva prácticamente siempre.

Relevancia construida: seamos realistas… las tablas de multiplicar (por ejemplo) son útiles pero poco inspiradoras de interés. No son de una relevancia natural a priori para los niños. Así que podemos construir un juego con ellas. Por ejemplo, no es lo mismo “señala las preposiciones de esta frase” que “hay dieciséis preposiciones en este párrafo, ¡encuéntralas y ganas!” Sin embargo, cualquier juego o sistema económico que crees como motivador externo debe tener dos elementos: debe ser posible ganar, y debe haber tanto pérdida potencial como ganancia potencial. Si el niño no puede o no se cree capaz de ganar, no funcionará. Por eso es bueno que tenga experiencias positivas previas. Igual de importante es que haya no sólo consecuencias por ganar sino también por perder. Si no las hay la niña puede decidir que el premio no merece la pena, entonces la madre aumentará el valor del premio, y así se entra en una peligrosa espiral. Si por el contrario sólo hay consecuencias negativas, el niño puede pensar “total, me va a ir mal tanto si fallo como si no lo hago, pues mejor no lo hago.” Por tanto debe ser un juego donde se pueda ganar o perder y que ambas cosas tengan consecuencias. (por ejemplo, ganar o perder minutos de algo que le guste hacer). La relevancia construida puede ser efectiva para motivar a los niños a hacer cosas de cierta dificultad que de otro modo no les inspirarían.

Relevancia obligada: es la menos efectiva, con diferencia. Por desgracia lo usamos con frecuencia porque es el que más han utilizado con nosotros. Es difícil que se logre un aprendizaje duradero y efectivo. He visto niños perder noventa minutos por hacer una redacción breve, bajo la amenaza de “hasta que no acabes no hay cena” (o similar), y sin embargo terminarla en diez minutos cuando se convirtió en un juego, se le puso un límite de tiempo y una ganancia. Y las siguientes veces fue todo más sencillo porque se había convertido en una experiencia positiva. Por ello, la relevancia obligada debe ser siempre el último recurso, a ser posible evitado.

En resumen, la relevancia es clave, tanto para quien aprende como para quien enseña. Cuando sea posible, busca los intereses intrínsecos de tu hijo, ponle junto a gente inspirada, crea un juego del que pueda disfrutar con emoción, y olvídate de obligarle.

1 comentario:

  1. Leyendo este artículo, estaba pensando en mi hija, llevaba dos días sin querer hacer ninguna tarea (tiene 8 años), y yo la he dejado, su tiempo lo consumía, haciendo modelitos a las Barbis (cosiendo) la encanta, dibujando, viendo una peli...; cuando la recordaba que teníamos que trabajar las tablas y el calculo mental (que no termina de memorizarlas), me decía, no me apetece. Ya viendo mi no éxito, hicimos unas salidas a unos museos. Y al día siguiente no la dije nada. Cuando llegó la hora de comer, me dijo: -Mamá tengo hambre, y yo la conteste:
    -Y...,
    - Que tengo hambre,
    - Ya pero cuando a ti no te apetece trabajar las tareas, no las trabajas, a mi no me apetece hacer la comida y no la hago, hoy no se come comida...
    Muy enfadada, me dijó:
    -eso no vale, tu hoy no me has dicho que teníamos que trabajar,
    -Es que cada uno debe ser responsable de su trabajo y no hay que estar diciendo que trabajes, a mi nadie me dice haz la comida, y la hago, pero hoy he decidido que no la hago.
    En ese momento sentí que me estaba pasando, pero acto seguido dijo: vale tu haces la comida y yo voy poniendo la mesa, después hago la tarea... Y la responsabilidad ganó. ¡Por el momento!. Yo intento que cuando trabajamos sean cosas que le gusten pero creo también que tenemos que enseñar en el esfuerzo, en la obligación, tienen que aprender que no todo lo que hacemos en la vida nos apetece hacerlas. Los niños escolarizado están obligados. Los no escolarizados, depende de la opción de sus padres. Mi hija esta escolarizada, pero como el nivel no es bueno, en vacaciones aprovechamos para reforzar trabajando de otra manera, cálculo mental con dados, a prender a pensar, leemos y después comentamos, algún problema de pensar no de calcular... Mi objetivo es trabajar el cerebro, que no se duerma durante los meses de vacaciones, claro esta que no trabajamos todos los día. Aunque sinceramente me encantaría poder hacer esto todos los días del año. Un saludo Juana

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