"Nunca dudes que un grupo pequeño de ciudadanos comprometidos puedan ser capaces de cambiar al mundo, de hecho, ha sido lo único que lo ha cambiado."
(Margaret Mead)

viernes, 15 de julio de 2011

Hacer la bomba o ser una bomba.


En 1959, las Naciones Unidas aprueban la Declaración de los Derechos de los Niños. 

Este es el artículo 2: 


«El niño gozará de una protección especial y dispondrá de oportunidades y servicios, dispensado todo ello por la ley y por otros medios, para que pueda desarrollarse física, mental, moral, espiritual y socialmente de forma saludable y normal, así como en condiciones de libertad y dignidad». 


Hoy, en 2011, en países como Pakistán o Afganistán y seguramente unos cuantos más, los niños son educados, preparados y vendidos para ser niños-bombas. Se puede pagar hasta 60.000 euros.

Al leer esa noticia se me ponen realmente los pelos de punta y el corazón en la garganta... 

¿Qué tipo de persona puede llegar a hacer eso?

Pensar que unos niños pueden transformarse en armas mortales nos da una idea de hacia dónde va el mundo si no cambiamos el rumbo. También nos demuestra la importancia que tiene la educación; es la base de todo; bien utilizada crea mentes libres, mal utilizada crea monstruos. Mientras muchos niños siguen creyendo en los Reyes Magos, en la magia de la Navidad y en las películas de Disney; mientras se tiran en las piscinas de verano para hacer la bomba, en otros sitios otros niños se convierten en bombas.


1 comentario:

  1. Todos los bebés, así como nosotros mismos cuando lo fuimos, llegan a un mundo donde, metafóricamente hablando, hay ángeles y demonios porque existe el bien como también el mal (que, por desgracia, hay mucho y hace muchos siglos que tiene poder porque mata, tortura, somete, esclaviza, comercia con las vidas, juega sucio, usa armas,..., es decir, se permite vivir ejerciendo el mal sobre el bien destruyéndolo y el bien, por ser consciente y respetuoso con la vida y las vidas vive ejerciendo el bien y recibiendo el desprecio y el ataque del que vive haciendo el mal)un mundo pues de locura que, en función de las manos donde caigan los bebés estará el destino de sus vidas y más teniendo en cuenta la inocencia (el bien) y la vulnerabilidad de esta inocencia en los bebés y niños/as. En su libro "Los ángeles perdidos", Manuel Leguineche nos habla y denuncia ésta y otras atrocidades que se cometen con los niños y las niñas en este nuestro mundo marcado por occidente que algunos/as adoran y mantienen mientras otros/as lo tratamos de cambiar para que algun día todos/as y, sobretodo, los/las niños/as puedan vivir respetados, con dignidad, felices y en paz. La imagen parte el alma.

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