"Nunca dudes que un grupo pequeño de ciudadanos comprometidos puedan ser capaces de cambiar al mundo, de hecho, ha sido lo único que lo ha cambiado."
(Margaret Mead)

lunes, 1 de agosto de 2011

EDUCAR EN RESPONSABILIDAD


En el momento en que decidimos tener un hijo o en el momento en que sabemos que éste está ya en camino, lo habitual es que en la familia surja cierto sentimiento de miedo. Dos preguntas habituales que nos solemos hacer son del tipo: ¿Tendré, tendremos capacidad de criarlo cubriendo sus necesidades básicas? Y ¿Puedo o quiero traer un niño a este mundo con todas las cosas negativas que hay en él, que he visto, vivido y sentido en él? ¿Para qué?

Y lo cierto es que estas tres preguntas centradas en dos deberíamos de volver a repetírnoslas incluso cuando ya tenemos hijos si queremos enfocar su educación desde la responsabilidad.

Ciertamente, lo primero que queremos ante la llegada de un hijo es protegerle y con dicho deseo de protección llega el sentimiento de responsabilidad. ¿Con qué, cómo, puedo darle protección? ¿Qué necesito? ¿Con qué poder, fuerza interna puedo ofrecérselo?

Salud, una psique equilibrada y armoniosa, desarrollo de la inteligencia para un futuro laboral cómodo y estable… son cualidades que queremos potenciar en nuestros hijos. Si nosotros, los padres y educadores tenemos mucho de estas cualidades, genial, pues entonces será el momento en que estaremos preparados para dar, para ofrecer pero… ¿Y si no tenemos mucho de esas cualidades o de alguna de ellas? ¿Qué podemos ofrecerles?

La respuesta standard e inmediata a esta pregunta sería: Amor. Tengo y puedo dar amor que es lo único verdaderamente importante, lo principal… Y aquí viene un tema sobre el que os invito a reflexionar ¿De verdad pensáis, sentís que basta con el amor? ¿Basta con dar sólo amor en un mundo de guerra? De acuerdo, Cristo y muchos otros Maestros espirituales de diversas culturas y religiones supieron devolver amor cuando les trataban con extrema crueldad pero al menos en mi caso, nosotros no somos Maestros espirituales, no tengo esa misma fuerza ni consciencia. No me veo capaz de ver a mi hijo crucificado, de ofrecerle sólo amor para en un futuro ver cómo la dureza y crueldad del mundo le crucifica por no tener mucho de los otros recursos…

Precisamente por ello, considero bastante importante que cada uno de nosotros reflexionemos sobre qué podemos hacer por y para los niños y, tras esta reflexión, debemos aprender a hacer más aún por y para los niños.

Un ejemplo muy simple: Vivo a caballo entre dos centros comerciales: el de Benidorm y el de Ondara (Alicante) ¿Qué es lo que me hace permitir a mis hijos (14 y 15 años ahora) el que vayan al centro comercial de Ondara y no permitirles el que vayan al de Benidorm? Precisamente la respuesta no está en mi comodidad pues a Ondara he de llevarles y luego recogerles en coche mientras que a Benidorm pueden ir y volver solos en tren. La razón que me lleva a permitirles Ondara y no Benidorm es única y básicamente de responsabilidad pues considero que el de Ondara es mucho más sencillo, menos problemático, más pequeño y con una estructura más elemental al ser una elipse sin recovecos, un lugar donde ante cualquier situación conflictiva, el niño podrá tener muchos más recursos para dominar la situación así como ser ésta más visible ante todo el mundo teniendo por tanto una mayor posibilidad de apoyo…

El problema surge cuando normalmente los padres estamos cargados económica y emocionalmente y para colmo, sin apenas tiempo. ¿La consecuencia? Una búsqueda de mayor comodidad en nosotros que repercute en la educación de los niños siendo menor nuestro grado de tolerancia, entrega y capacidad educativa hacia ellos. ¿Y qué ocurrirá entonces cuando los niños sean adultos? Pues seguramente que actuarán igual o más extremamente para con sus hijos y así es como nos encontramos, construimos, un mundo que en cierto sentido cada vez va de mal en peor.

La educación de unos hijos supone una responsabilidad mucho más grande que el mero hecho de ofrecer amor.

Del mismo modo, los padres homeschooling, si queremos asumir lo más posible nuestra responsabilidad educativa como suele ser el caso, debemos ofrecerles a nuestros hijos más de lo que ofrecen las escuelas. Y para ello es sumamente imprescindible que aprendamos, tengamos informaciones sobre la ética y la filosofía. Atención: hablo de filosofía y de ética, no de religión, lo cual también puede ser un beneficio pero ese es otro tema. Aquí hablo de la forja del carácter, del entendimiento de la mente y del sentido de la vida. Si aprendemos de ello y lo vivimos de un modo práctico, podremos ofrecérselo a nuestros hijos los cuales crecerán en responsabilidad para consigo mismos, para con la sociedad y para con la vida contribuyendo con ello a la existencia de un mundo que mejora por momentos.

Nuria Aragón Castro

http://www.nuriaaragoncastro.com

1 comentario:

  1. Estoy de acuerdo contigo respecto a que la educación de los hijos/as es una responsabilidad muy grande.De hecho es la mayor responsabilidad que tenemos desde el momento en que decidimos tenerlos, aunque no todos los padres/madres lo sientan así pues el mundo que nos rodea es caótico o va de mal en peor (como bien apuntas)precisamente debido a esta falta de responsabilidad hacia los hijos/as que muchos/as se permiten tener porque es lo que recibieron y, simplemente, repiten el modelo impuesto y aprendido. Normalmente, los padres/madres que no educan a sus hijos/as para que sean personas responsables y conscientes son personas con carencias afectivas y educativas fruto de la irresponsabilidad y la falta de amor que recibieron en sus entornos familiares. Pienso que el término "amor" es muy profundo y amplio; tan amplio que lo engloba todo pues sin amor no puede haber responsabilidad ni comprensión ni bienestar. Los padres o las madres que no sienten amor hacia sus hijos/as son los más irresponsables en todos los sentidos pues ni los educan (para eso ya está la escuela) ni los atienden afectivamente (para eso ya esta la calle). No somos maestros espirituales, somos padres y madres con una responsabilidad muy grande, tan grande que si no hay amor, real y sincero, no se puede asumir.

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