"Nunca dudes que un grupo pequeño de ciudadanos comprometidos puedan ser capaces de cambiar al mundo, de hecho, ha sido lo único que lo ha cambiado."
(Margaret Mead)

lunes, 12 de septiembre de 2011

Un libro en la mochila

Hoy es el primer día de cole para miles de niños en este país. Casi todos ellos irán con la mochila llena de libros, los libros con los que trabajarán durante todo el curso.

Nosotros, los adultos, muchas veces nos hacemos buenos propósitos precisamente por estas fechas, reminiscencias de nuestra época escolar, en la que, este mes, significaba mucho más que el inicio del año natural…

Pues bien, quiero sugeriros un nuevo propósito y para ello deseo poner un libro en vuestra mochila: Aprender a educar (sin gritos, amenazas, ni castigos) de Naomi Aldort.

Creo que este libro debería ser de lectura obligada para todos los padres y educadores.

Nos recuerda que las palabras que elegimos tienen el poder de sanar o herir, de crear distancia o fomentar la proximidad, de ignorar sentimientos o de abrir el corazón,…
Demasiadas veces negamos los sentimientos de nuestros niños sin darnos ni cuenta y, muchas veces con la mejor intención. ¿Nos hemos parado a pensar porqué nos molesta tanto que un niño llore o este enfadado? ¿Cómo nos sentiríamos si ante nuestra frustración, tristeza o enfado, un ser querido negara tal sentimiento, le restara importancia y pretendiera distraernos con algo agradable en lugar de escucharnos y comprendernos?

Cuando negamos sentimientos de un niño (Anda, no llores, que no ha sido nada…), nunca resolvemos nada, más bien acrecentamos las emociones dolorosas porque el niño se ve obligado a defender su historia. Para ellos (y para todos en general) es muy importante que validemos sus sentimientos; esta validación no es un método para controlar o cambiar el curso del comportamiento del niño. Al contrario, la validación y la escucha focalizada, son nuestra manera de dejar al niño expresarse; es nuestra manera de ofrecer amor y amistad. El resultado de la validación es que el niño se siente seguro con sus sentimientos y expresándose plenamente.

No obstante, la autora, es consciente que muchas veces, ante determinadas acciones de los niños, se nos abre una ventana en nuestra mente y actuamos de cierta forma que hace que más tarde nos arrepintamos.
Para evitarlo, nos propone la formula A.P.E.G.O:
A – Aislarse del comportamiento y emociones del niño hablando en silencio con uno mismo; es decir, expresar todo lo que nos provoca esa acción en nuestra mente, sin decir ni una palabra en voz alta (esto lleva menos de un minuto)
P – Prestar atención al niño
E – Escuchar lo que el niño dice. Es importante establecer contacto visual y formular pregutnas que den la oportunidad de hablar o, si el niño todavía no se expresa verbalmente, que le den a entender que le comprendemos.
G – Garantizar la validación de los sentimientos y necesidades sin dramatizar ni añadir nuestra propia percepción.
O – Otorgar poder al niño para que resuelva su propio disgusto apartándose de su camino y confiando en él; sin ponerse nervioso ni apresurarse por resolver la situación.

En fin, esto tan solo es un aperitivo…

El libro está escrito de una forma amena y directa, con muchos ejemplos que hacen que todo lo que explica sea mucho más fácil de comprender.

Deseo que os guste tanto como a mi

1 comentario:

  1. Esta es, precisamente, la lucha de muchos/as! Pues una sociedad correcta y humana sólo se puede conseguir con una buena educación de base y la buena educación es la que predica con el ejemplo! Gracias por recomendar el libro pues este tipo de conciencia es muy necesaria para empezar a cambiar esta sociedad hacia lo positivo y correcto! Un abrazo!

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