"Nunca dudes que un grupo pequeño de ciudadanos comprometidos puedan ser capaces de cambiar al mundo, de hecho, ha sido lo único que lo ha cambiado."
(Margaret Mead)

jueves, 1 de septiembre de 2011

VIDA COMUNITARIA Y EDUCACIÓN EN EL HOGAR

Hoy, con este post, os invito a reflexionar sobre ciertas características que conlleva vivir en una comunidad y a su vez escolarizar en casa. Por supuesto, cuando hablo de vivir en comunidad me refiero a una pequeña comunidad donde sus integrantes comparten espacio (la casa o el terreno) y economía, entre otras cosas. Pero también podría ser llevado a una comunidad familiar grande, un edificio de apartamentos, un pequeño pueblo, un grupo de familias que comparten mucho tiempo juntos, etc. Aunque considero que en esta segunda opción, el trabajo interior es mucho menos intenso al ofrecer más “ligereza” la situación.

Cuando los niños crecen entre un grupo de personas con una meta común pero nacidas y criadas en lugares y familias diferentes, estos pueden enriquecerse grandemente de la situación si los padres saben aprovecharla. El principal beneficio que veo en el hecho, es el tener las condiciones adecuadas para crecer modelando el ego y el auto control emocional y mental. Y cuanto más amplia y diversa sea la comunidad, más “protegidos” estarán los niños y más profundo será en trabajo personal que realicen. Al decir “protegidos” me refiero a que, al haber mentalidades, gustos, cualificaciones, niveles de consciencia y de prioridad de valores diferentes, a los niños por ende, no les queda más remedio que limitar su ego y aprender de tolerancia y de entrega y servicio al otro de una forma natural. Igualmente el respeto, la obediencia y una mayor humildad surgen por sí solos.

Y es que, al no estar escolarizados físicamente, el compartir diariamente muchas horas les lleva a encontrarse cada día en numerosas situaciones frente a sí mismos, reflexionando sobre el por qué de ciertos sentimientos y pensamientos promovidos aparentemente por alguna palabra, acción o actitud llevada a cabo por otro miembro de la comunidad o por los típicos juegos manipulativos del ego tan gustosos para los niños pues, como es lógico, cuanta más consciencia tenga el otro de la comunidad, más incómodo se puede sentir el niño ya que éste verá y cerciorará esa ley tan visible de: “Cuanta más consciencia tiene una persona, menos control se puede tener sobre ella”

Cuando los niños conviven con un grupo de personas no nacidas en su familia física, el sentimiento es completamente diferente a si sólo conviven con miembros de ésta. La variedad enriquece y ese sentimiento de mayor distancia, se vuelve beneficioso pues te ofrece otro punto de mira. A mayor puntos de mira, mayor consciencia. A mayor consciencia, mayor amor. A mayor amor, mayor plenitud y felicidad internas…

Por su lado, tanto los padres como cada uno de los demás miembros de la comunidad se verán “obligados” a educar a los niños. Educándolos en el día a día, minuto a minuto. Educándolos con su propio ejemplo de búsqueda de crecimiento y mejora personal. Educándolos con su propio ejemplo de aplicación de la jerarquía estipulada en la comunidad de tal modo que la resolución ante un conflicto esté enfocada al beneficio comunal que no al sentimiento de justicia e injusticia, de bueno y malo… Si se hace así, los niños pueden aprender muchísimo, como si estuviesen en la mejor de las escuelas privadas pues aquí los adultos y especialmente los padres, tendrán el control del desarrollo integral de los niños si les prestan mucha atención.

Además, el crecer en un ambiente con menos estrés ayuda a mantener el equilibrio emocional de los niños. Y es que el vivir en comunidad con miembros que se ayudan entre sí ofrece a los padres un balance psíquico y práctico gracias a la ayuda de vida en el trabajo de las labores educativas, del hogar y económicas. Por ello es imprescindible que la comunidad tenga una meta muy clara y definida.

A su vez, la comunidad ha de esforzarse en educar a los niños según las capacidades de cada uno, estimulándolos a que cada niño use al máximo dicha capacidad ya que no todos somos iguales y por tanto, no todos necesitamos una misma educación.

Por otro lado, a mayor diversidad de lenguas, mayor aprendizaje de expresión y comunicación. A mayor cantidad de miembros, mayor posibilidad de aprendizaje de materias y mayor sentimiento de sociabilidad.

Por supuesto, todo esto funciona sólo si hay armonía y consciencia social así como unos valores éticos, filosóficos, tolerantes, etc.


En resumen: Vivir y educar en comunidad ofrece al niño un terreno ideal para aprender a auto controlar y dirigir su ego mientras se desarrolla en los valores y entendimiento del ser. A su vez aprende prácticamente y bajo un control muy regulado a mantener la armonía interior y a adquirir los conocimientos y las materias necesarias para poder llevar a cabo satisfactoriamente la vida adulta. También crea un entendimiento práctico del significado de la palabra “social” y a los padres les ofrece un mayor relax y control de la situación. Lo cual, todo ello, repercutirá en un mayor beneficio del país y por tanto, del mundo y del universo.

Nuria Aragón Castro
www.nuriaaragoncastro.com


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