"Nunca dudes que un grupo pequeño de ciudadanos comprometidos puedan ser capaces de cambiar al mundo, de hecho, ha sido lo único que lo ha cambiado."
(Margaret Mead)

miércoles, 30 de noviembre de 2011

¿SE PUEDE EDUCAR LA AGRESIVIDAD?

¿SE PUEDE EDUCAR LA AGRESIVIDAD O HAY QUE NEGARLA?

Hola a todos. En el post de hoy voy a tratar un tema que por lo general inquieta a casi todos los padres / madres. La idea ha venido de un mail que me enviaron recientemente, muy similar a preguntas que me hacen muchas veces en mis ponencias.



Lo que me pidieron es mi opinión sobre cómo actuar ante la influencia que puede ejercer la agresividad de otros niños, la televisión, etc. en nuestros hijos. En este caso en cuestión la influencia agresiva la ejerce especialmente el primo del niño pero mi respuesta va enfocada a toda situación, al concepto en sí. ¿Quién no se ha preguntado alguna vez si ha de permitir jugar a sus hijos con pistolas o no? Se hacen comentarios como “No como animales o no soy partidario de las guerras pero en cambio a mi hijo le encanta jugar con pistolas ¿Qué he hecho mal?” “¿Es innata esa agresividad en el ser humano?” O un… “¿Hasta dónde puedo coartar la elección de amistades de mis hijos?” Realmente son preguntas sencillas, aparentemente tontas, pero que en realidad nos han dejado a muchos varias noches en vela o creado muy malas sensaciones.

Creo que ante temas así no hay una respuesta única o universal, sino más bien variable en relación con el niño, su entorno, la cultura de donde vive, nuestros propios sentimientos e intuiciones y consciencia, etc. Pero lo que sí puedo hacer es comentaros mi experiencia al respecto. El cómo yo he actuado en esos casos y cual ha sido el resultado.

En primer lugar recordaros algo muy importante y que tiene mucho que ver con la tolerancia y es el que por muy agresivos que os parezcan otros niños, siempre habrá otros más agresivos aún que influirán en esos niños y crearán también quebraderos de cabeza a sus padres.

Y ahora, mi respuesta:

Mi concepto es que los padres (ambos) son los principales responsables de la educación de sus hijos, de su desarrollo integral, de la amplitud de su consciencia, especialmente si conviven con ellos. Y en segundo lugar, los padrastros, madrastras y padres que no conviven con ellos.

Por mi parte, yo intento darles libertad a mis hijos pero siempre sólo si les ayuda a crecer en consciencia y autocontrol. A mí no me vale eso de "No quiero manipularles" pues en mi concepto, TODO es manipulación. Si no les manipulo yo, les manipula el vecino, el amigo, la abuela, el cantante de rock, los comercios, las películas, etc. Así que hace tiempo ya decidí manipularles del modo más fino posible. Siempre con la meta del beneficio grupal, no personal o propio.

Si el niño que influye negativamente en mi hijo no perteneciese a la familia, casa vecina, etc., dificultaría las posibilidades de citarse con él facilitando otras con otros niños menos agresivos (o con familias con valores y metas más similares a las mías) aunque esto me supusiese más coste, tiempo de transporte, etc. Pero no pararía de seco la relación porque por otro lado es MUY IMPORTANTE que el niño aprenda a auto controlar y manejar los efectos que las influencias negativas tienen en él y en su vida ya que a lo largo de toda ella siempre habrá diferentes influencias que penetrarán muy fuertemente en él o en sus personas cercanas. Si desde niño aprende a manejarlas, genial. Y eso no significa que tenga que parar su expresión de agresividad sino que sea consciente de ella.



Y aquí viene lo que yo también he hecho independientemente de si el otro niño es un miembro de la familia o no: Le he permitido a mi hijo estar con él. Por supuesto, en mi hogar imperan mis valores, considerándolos imprescindibles como base de aprendizaje en el día a día. Por ello no han podido jugar a juegos agresivos. Sólo a los “agresivos suaves” y escasas veces, a los fuertes, pero siempre estando yo presente y jugando con ellos. Al hacerlo, aprovechaba para decir de vez en cuando alguna frase de consciencia en él y sobre todo, le daba una meta al juego agresivo.

Pero fuera de casa (o de mi sitio de trabajo) sí se lo he permitido aunque luego siempre o casi siempre les hice ver cómo les alteró el juego. ¿Que cómo se lo hacía ver? Pues según la situación, con preguntas o comentarios del tipo: “¿Te has dado cuenta de que ahora estamos en casa y sigues agresivo? Te cuesta parar...”; “Un verdadero guerrero tiene mucha disciplina y un grandísimo respeto al anciano de la tribu ¿Lo tienes tú?, ¿Quieres tenerlo? Pues déjame que te enseñe sobre ello”; “¿Qué es lo que hace que te sientas bien cuando juegas agresivamente? ¿La liberación de la energía? ¿El sentimiento de poder y dominación? ¿Mayor seguridad en ti mismo? ¿Ego?”; “Juegas con él a eso para sentir que eres mejor y más fuerte pero en realidad lo es él porque antes de jugar con él, tú estabas más amoroso, obediente, tranquilo y en armonía que ahora por lo que en verdad es él quien ha vencido ya que te ha dominado hasta el punto de cambiar tu estado emocional a mayor desagrado, desarmonía y alteración en vez de cambiárselo tú a él a uno de mayor relax y armonía”; “Cuando eres más mayor el mundo es mucho más difícil y con más sufrimiento para alguien que actúa y se relaciona con agresividad que para el que lo hace sin ella. La gente se arrima al agresivo por miedo o admiración pero en cuanto tienen la oportunidad, le derrumban o le dejan solo y se ponen sobre él. En cambio, al que no es agresivo y es armonioso, comprensivo y tolerante, se arriman a él por amor y para sentirse amados por lo que nunca le abandonan y siempre le recuerdan. Ése es un líder natural y permanente, de por vida. No uno impuesto o que se impone, el cual siempre será temporal...” Con mis hijos me esforcé mucho en hacerles ver, sentir y entender todo este tipo de expresiones y enfoques aquí puestos.



Y por último, solía intentar darle siempre otro enfoque al juego agresivo, darle una meta enfocada a un beneficio social. Por ello, al principio jugaba con ellos muchísimas veces a este tipo de juegos intentando enseñarles a jugar agresivamente. ¿Formas de hacerlo? Pues les estimulaba a sentir, por ejemplo, que eran unos guerreros medievales defendiendo a varias familias campesinas atacadas por unos ladrones y violadores; O un bombero luchando contra un loco descontrolado que con hacha en una mano y mechero en otra quiere quemar un centro comercial. Y, aprovechando que en el juego era un guerrero y que los niños unen el juego con la vida diaria, le daba mayores responsabilidades en la casa: “Ok, puesto que eres un guerrero tienes que mostrar y entrenar tu valía así que ahora vas a ser tú el valiente que saldrá ahí fuera, a este planeta que está siendo invadido por los marcianos, y tirarás la basura todos los días”; “Ok, entonces, como valiente que eres, tú serás siempre el encargado de ir a dar los recados a los vecinos”; “Ok, como eres un guerrero y has de estar fuerte y entrenado, a partir de ahora tú llevas dos bolsas de la compra cada vez o la cesta de la recolecta” “Ok, como quieres ser un jefe guerrero, primero has de aprender de estrategia pues sino, las otras tribus (o países) siempre te vencerán así que tienes que aprenderte los nombres de las ciudades, pueblos, cadenas montañosas, ríos, etc. de este o estos países y dibujarme la ruta de ataque que consideres sería mejor”; “Tenemos que rescatar a nuestro compañero de la Torre de Londres así que has de estudiar su construcción y mañana iremos a salvarle”, etc., etc., etc.

Les hacía ver, sentir que la agresividad, el ataque, las guerras, etc. siempre tienen una responsabilidad y una consecuencia. Y cuando han sido más mayores, hemos visto juntos películas históricas (reales) bélicas especialmente desagradables y duras. Mi intención era que no identificasen la guerra con gloria, honor o beneficio para alguno de los bandos.

Considero importante tener en cuenta que no consiste en que nosotros luchemos con los niños y con sus gustos e intereses personales, sean influenciados y dañinos o no. Si hiciésemos eso, al transmitirles el mensaje de que tienen que ser, actuar o jugar de otro modo (con menos negatividad o agresividad) lo haríamos de un modo agresivo, por lo que consciente o inconscientemente los niños sentirían una contradicción de por nuestra parte lo que llevaría a que no nos respetasen o no nos hiciesen caso o a que nos temiesen, cerrando su corazón o comunicación para con nosotros más y más.

Consiste en que se conozcan y se comprendan, en que se observen y observen tanto al amigo influyente como a otros que el niño valore y sean armoniosos. Consiste en que se entrenen en la adquisición del autocontrol… Los cambios sólo llegan de forma permanente y respetuosa cuando son hechos desde la ARMONÍA, no desde una lucha entre padres e hijos.



Mis hijos ahora tienen 15 y 14 años y medio. Muchas veces me encontré en situaciones como la que me han pedido opinión y actué de este modo. Mi experiencia es que, especialmente el chico (pues la chica a penas hizo uso de ellos) sacó más su deseo de juegos agresivos entre los 6 y los 9 años, aproximadamente. Luego, poco a poco fue dominándolos y aprendiendo más y más de autocontrol. Ahora son nada agresivos. Son adolescentes tranquilos y muy respetuosos y obedientes. Pero ante todo, lo que tenéis que hacer es confiar en vuestra propia intuición y observar con lupa cada reacción o consecuencia. Que este post sirva como reflexión e ideas cara a la acción a tomar. ¡Que lo disfrutéis!

Nuria Aragón Castro
http://www.nuriaaragoncastro.com

1 comentario:

  1. Muy bonito el artículo e interesante.
    La sociedad es muy complicada y muchas veces las influencias son poderosísimas
    Recuerdo con cariño a uno de mis sobrinos con 4 años, en casa era todo paz, y nada de juegos bélicos. al colegio llegó un programa de televisión que hacía preguntas a los niños, no recuerdo el nombre pero creo que con la palabra "felefante" algunos sabrán a que me refiero.
    Le preguntaron que qué era lo que más les gustaba, contestación:
    A mi no me gustan las armas
    ¿Por qué?
    Porque matan

    Al ver el programa todos le preguntamos que porqué había dicho aquello si el estaba pidiendo para Reyes pistolas de vaqueros, y dijo:
    Es que era lo que tenía que decir.

    Con esto quiero hacer hincapié en que los niños aprenden muy pronto según les enseñemos con lo está bien y lo que no. Evidentemente a él le hubiese gustado decir: una pistola, pero eso no era políticamente correcto así que dio vuelta a la pregunta contestando lo que contestó.

    Normalmente los niños son más agresivos que las niñas y las niñas son más competitivas, esto podríamos considerarlo como una forma de ser debida a la educación recibida, pero parece que no.
    El caso es que los niños tiene que aprender a canalizar sus emociones y a saber llevarlas a buen puerto, y todo el artículo de la compañera ha estado en esta linea. Vivimos en el mundo en el que vivimos, y hay que prepararles para que puedan comprenderlo que no quiere decir que tengan que esta de acuerdo.

    Hace tiempo la agresividad la vivíamos como algo doloroso que venía de los adultos, no había imágenes que te contaminases. La primera vez que ví como alguien adulto pegaba a un niño (la típica bofetada) me quedé marcada, en mi familia este estilo educativo no se llevaba. Hoy los niños con tanto dibujo y cine con agresividad gratuita son digamos insensibles. Están marcados y se comportan como tal. Este tema es muy importante por la forma de socialización que conlleva.

    Un saludo, Juana

    ResponderEliminar