"Nunca dudes que un grupo pequeño de ciudadanos comprometidos puedan ser capaces de cambiar al mundo, de hecho, ha sido lo único que lo ha cambiado."
(Margaret Mead)

domingo, 1 de abril de 2012

RIVALIDAD ENTRE HERMANOS

Este tema sí que es un tema complejo de tratar y más aún de hacerlo universalmente, pues realmente es algo muy personal e individual que se ha de tratar o estudiar por casos concretos.

Aun así, he decidido adentrarme en él. Espero sepáis comprender la dificultad de la magnitud de expresión que va a tener este post.

Comenzaré diciendo que es muy usual que los niños de una misma familia (me refiero a niños / as indiferentemente) pasen por periodos de mayores desavenencias entre ellos, especialmente en épocas de fuertes cambios psicológicos como puede ser la preadolescencia. En este caso, estos conflictos suelen venir generados por una diferencia y un cambio de intereses. Es decir, uno de los hermanos ha pasado a otra etapa evolutiva y los juegos a los que jugaba antes con sus otros hermanos o sus temas de interés han cambiado por completo, creando una brecha entre ambos. Brecha usualmente difícil de aceptar por sus hermanos, antiguos compañeros de juego, quienes tenderán a “incordiarle” para llamar su atención e intentar recuperar la atención perdida. Éste es un proceso más o menos natural que hay que saber aguantar y sobre llevar como un chaparrón mientras dure, pues lo usual y sano es que de igual modo que llegó, se vaya en el momento en que ambos vuelvan a estar en una etapa de desarrollo mental o emocional similar. Como padres, creo nos deberíamos centrar en balancear la situación estabilizándola con una dosis extra de autocontrol y armonía matizada de vez en cuando con duras y directas palabras cuando los niños no sepan mantener la autodisciplina y el respeto hacia el otro (respeto físico –pegarse-, respeto de vocabulario –insultarse o hablar despectiva o descalificativamente-, respeto en las miradas –fulminar al otro con la mirada- y respeto en el espacio energético, emocional y físico del otro) Y muy especialmente, veo primordial enfocar nuestra atención en ayudar a cada uno de los hijos a observarse, a ser conscientes de cómo se sienten y de lo que les cuesta olvidarse de algo que les ha molestado o de escuchar al otro cuando le dice o le da señales de que “pare” o de que no quiere en ese momento más de él (lo cual significa que le está faltando el respeto al no escucharle), de su escasez de tolerancia al no aguantar al otro, del conflictivo ego al creerse superiores o mejores que el otro (especialmente cada vez que lo culpan de algo o responsabiliza al otro del enfado que él mismo tiene) haciéndoles ver lo desagradable que eso es con el ejemplo del sentimiento que ellos suelen tener ante alguna actitud prepotente, despectiva o desagradable que tenga a veces algún amigo o conocido ajeno de la familia hacia él y recordarles continuamente el que quieren ser mejores personas y esforzarse y hacer cosas para conseguirlo una y otra vez. Así como el que les gusta más cuando se sienten contentos, en armonía y en paz que cuando están molestos o enfadados.


Pero en algunas familias también estas desavenencias entre hermanos suelen ocurrir entre niños de temprana edad incluso con épocas de desarrollo evolutivo similares. Al primer lugar al que miraría en estos casos es a los padres ¿Cómo es la relación entre ellos? ¿Cómo es el sentimiento, estado emocional interno e individual de cada uno la mayor cantidad de horas al día? ¿Alegre, estresado, serio, triste, armonioso, etc.? Pues, de seguro, los niños aprenden todos sus actos y todas sus emociones copiando. Pero no sólo copiando lo superficial, sino también el estado, las emociones y los pensamientos internos de cada uno.

También miraría el entorno del niño ¿Cómo son sus amistades? ¿Qué carácter tienen? ¿Son niños con un estado de paz y armonía interior intensa o no? ¿Benefician o perjudican a nuestra estabilidad familiar?

Y por supuesto, miraría todo lo que hace nuestro hijo a lo largo del día ¿Está constantemente recibiendo estímulos directos o indirectos (radio, TV, música, juegos, educación, etc.)? ¿Cuántas horas de silencio y quietud física y mental vive al día? Pues una mente que está continuamente o que pasa muchas horas al día en acción, difícilmente sabrá parar ese ritmo cuando esté fuera de esas situaciones.

Es bien sabido por casi todo el mundo, incluida la ciencia, que la meditación beneficia mucho al ser generándole armonía, paz interior, aceptación, bienaventuranza y tolerancia entre otras cosas. La meditación no es sentarse en un sitio y recitar mantras, orar u observar nuestros pensamientos. Meditar es centrar nuestra atención en una sola cosa. Por lo que meditar lo puede hacer cualquier persona en cualquier lugar independientemente de su edad, religión, filosofía e inquietudes.

Cara a los niños basta con enseñarles con el ejemplo (y compartiendo tiempo con ellos) haciendo una sola cosa cada vez en un mismo sitio y durante bastante tiempo seguido, centrando toda nuestra atención en ella. Así poco a poco y de un modo muy simple y natural los niños aprenderán o reaprenderán a calmar su mente y vivir la armonía y la alegría sin necesidad de estar muy activos o en acción. Sin necesidad de dispersar su mente… (lo que les enseñaría lo contrario: a huir de sí mismos, de sus circunstancias y de su vida)

La acción, el estar en acción, actúa como una droga y ésta no sólo tiene que ser física, también puede ser mental, emocional, de hablar, de jugar, etc. Y como casi toda droga, tiene un efecto placentero o agradable muy rápido y al principio pero crea una sensación desarmoniosa e inquietante tras haberse pasado sus efectos, provocando que quieras más de esa droga pues por uno mismo no se ha aprendido a conseguir y mantener el estado de paz, armonía y plenitud constante que buscamos con ella.


Por otro lado también está el tema de los celos. Ahí cada padre ha de observarse a sí mismo ¿Sinceramente hablando, siento más afecto hacia uno de mis hijos o simplemente con uno comparto o disfruto de unas cosas y con el otro de otras? Porque si se siente más afecto hacia uno que hacia el otro, estamos de seguro “dando comida a los perros” pues ellos lo percibirán consciente o inconscientemente y ambos actuarán celosamente: uno porque querrá la totalidad de la atención o el amor (al creer / sentir que esto puede ser posible) y el otro porque se sentirá inferior, infravalorado o menospreciado. Y por supuesto, también tendríamos que reflexionar especialmente sobre la cantidad de atención que damos a cada uno (y el cómo les hablamos a cada cual). El actuar en estos casos desde la razón, desde la mente, controlando cada palabra que decimos y a quién se la decimos, es primordial. Considero que el pensar que actuar así es no natural, no sincero o no amoroso es un error. El amor no es hacer o decir lo que sentimos cuando lo sentimos (o pensamos). Amar es hacer aquello que más beneficia al otro, aquello que más estabilidad y armonía interior (del ser) crea al otro sin perjudicarle, no es hacer lo que más le gusta o más nos gusta. Y ser sincero siempre es actuar en amor (lo contrario sería estar enfermo)

En mi caso lo tuve fácil pues cuando eran muy pequeños me fui a vivir al campo sin televisión, radio, estímulos fuertes, etc., en un ambiente muy sencillo y armonioso, viviendo volcada a ellos y a esa armonía grupal que teníamos. Es decir, les di la posibilidad de vivir en una burbuja muy difícil de alterar, creando en ellos ciertas bases y hábitos mentales y físicos de un modo muy simple. Algunos de los cuales lógicamente se han o están perdiendo ahora en la adolescencia al vivir de otro modo, estando en contacto con todo tipo de estímulos y sensaciones agradables y desagradables. Algo que considero imprescindible a partir de cierta edad para que puedan aprender a manejarse, desarrollarse y autocontrolarse en toda situación externa e interna.

Pero no todo el mundo puede permitirse hacer lo que yo hice o simplemente no tiene ganas o no se siente capacitado para ello. Y por ello me parece muy valiente y muy arduo el intentar enseñarles a mantener la armonía teniendo muchas situaciones desarmoniosas desde un principio. Más aún cuando nosotros no estamos siempre en armonía.

Pero como he dicho antes, creo que la clave está principalmente en observarnos a nosotros mismos (los padres) y empezar a reconocer nuestra situación y estado interior mientras buscamos el auto control y después, en enseñar a auto observarse y auto controlarse a los niños y a realizar una sola cosa cada vez con total atención y durante periodos largos de tiempo. El control de la propia mente (y de los actos) ha de comenzar no de mayores, sino desde el primer día de vida. Mejor aún, desde el día de la concepción.

Espero este post os estimule a seguir adelante con fuerza, valentía y visión de futuro. ¡Hasta pronto!



Nuria Aragón Castro
www.nuriaaragoncastro.com

2 comentarios:

  1. Muchas gracias por compartir Nuria. Un abrazo. Natalia (Murcia)

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  2. Gracias a ti Natalia por leerlo y escribirlo aquí. Siempre anima mucho el saber que alguien lee los post...

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