"Nunca dudes que un grupo pequeño de ciudadanos comprometidos puedan ser capaces de cambiar al mundo, de hecho, ha sido lo único que lo ha cambiado."
(Margaret Mead)
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lunes, 14 de noviembre de 2011

Me quiere, no me... ¡Pues claro que me quiere!

No dudo que las familias que mandan a sus hijos e hijas a la escuela les quieren... No dudo que las familias que educamos en casa queremos a nuestros hijos e hijas. Todas hacemos lo que creemos que es mejor para que vivan (no sólo para que sobrevivan) en este planeta.
El amor es incondicional cuando te comprometes con la educación y la crianza de tus hijos/as, cuando decides “hacerte cargo”, no “actuar en tu descargo”...
Me acuerdo de aquello de deshojar la margarita, para ver si alguien me quiere o no. Nuestros hijos/as, educados/as en casa, no lo van a dudar ni un instante: no necesitan la margarita, no tienen dudas al respecto... Pero sí podrán echar mano de otra flor, tan bonita o más que la margarita: la flor de la permacultura.
¿La perma-qué...? La cultura permanente, el arte, la ciencia, el sentir y el hacer de otro mundo posible. De un mundo real que genera entornos habitables por el ser humano sin actuar contra la naturaleza, ni contra otros seres humanos... Nada nuevo oiga, no nació ayer...
La permacultura promueve una relación armónica del ser humano consigo mismo y con su entorno, satisfaciendo sus necesidades alimentarias, de vivienda, de hogar, de vestido, de agua... desde una óptica de lo que hoy llamarían por ahí “sostenibilidad”, pero mucho más allá, sostenibilidad de la buena, no de la panfletaria política...
Porque dentro de la permacultura no sólo hay técnicas o herramientas (como la agricultura ecológica o las energías renovables), sino una verdadera transformación socio-económica y cultural que hace al ser humano más humano, más natural, más racional... (¡qué contradicciones más lindas y factibles!).
Y hete aquí que dentro de la permacultura se define un ámbito específico para trabajar sobre esta transformación “revolucionaria”: educación y cultura. Y dentro de ella encontramos como ejemplo: ¡la educación en casa!
¿Para qué decir más...? ¡¡Me quiere!!
¿La queremos nosotras a ella? Permacultura...

jueves, 22 de septiembre de 2011

Vuelta a la rutina o no

Vuelta a las aulas, la rutina escolar, los madrugones, el reencuentro con sus compañeros (los buenos y los no tanto), el curzar los dedos para tener suerte con el maestro, en fin todo lo que la mayoría ya sabemos, por propia experiencia primero o por haberlo revivido con nuestros hijos.

Este es nuestro segundo año fuera de esto y aún sigo con la sensación de no creer que sea posible educar de otra manera. El pasado curso resultó ser muy positivo para ambos, después de la clásica desintoxicación hemos pasado a tener algo más claro los objetivos que vamos a abordar este curso. Y es que todo llega, la inquietud por aprender, las ganas de descubrir mundo y adquirir nuevos conocimientos de forma consciente, basándonos en sus gustos y prioridades.

El pasado año me veía ante un gran abismo, con alas para volar hacia cualquier dirección pero sin rumbo, perdida y con el miedo a caerme en cualquier momento, la sensación era de un gran vértigo. Pero no estuve sola en ningún momento, toda mi gente (familias homeschooler a las que nunca dejaré de estar agradecida) estuvo con nosotros, ayudándonos en esta nueva etapa de nuestra vida y enseñándome a "desaprender" para poder "aprender" nuevamente de otra manera.

Este año ha sido todo mucho más fácil, con más seguridad y viendo como mi hijo se está formando como persona, con sus ideales, sus gustos más definidos y con una fuerza increible en todo lo que está emprendiendo. Tengo que reconocer que me ha sorprendido gratamente, puesto que no creí que mi hijo fuese capaz de tener tan claras sus prioridades. Ha sido mi gran descubrimiento y me alegro infinitamente por ello, puesto que significa que mi hijo está siendo la persona libre que siempre he querido.

Se que muchos padres se pueden sentir abrumados ante la idea de no llevar a sus hijos a un centro, que en su caso se pasará el día viendo la televisión o jugando al ordenador, en conclusión no produciendo, que es el mal de nuestros días. Hablo desde mi experiencia cuando afirmo que todo eso pasa, que motivándoles un poquito prefieren jugar con nosotros a estar pegados a la pantalla, que es nuestra labor el ofrecerles alternativas y que entendamos que también ellos necesitan "desconectar", al igual que nosotros, de todo lo que les rodea. Poco a poco irán cambiando sus costumbres, les irá interesando algún campo en especial y es ahí donde aprovecharemos para ampliar horizonte, desde ese punto de partida, y con paciencia (más de nuestra parte que de la suya) iremos viendo ese cambio gradual de forma espectacular. No tengamos prisa, cada uno tiene su tiempo, pero todos llegan.

Comienza un nuevo curso, pero no todos lo van a disfrutar de la misma manera.

jueves, 1 de septiembre de 2011

VIDA COMUNITARIA Y EDUCACIÓN EN EL HOGAR

Hoy, con este post, os invito a reflexionar sobre ciertas características que conlleva vivir en una comunidad y a su vez escolarizar en casa. Por supuesto, cuando hablo de vivir en comunidad me refiero a una pequeña comunidad donde sus integrantes comparten espacio (la casa o el terreno) y economía, entre otras cosas. Pero también podría ser llevado a una comunidad familiar grande, un edificio de apartamentos, un pequeño pueblo, un grupo de familias que comparten mucho tiempo juntos, etc. Aunque considero que en esta segunda opción, el trabajo interior es mucho menos intenso al ofrecer más “ligereza” la situación.

Cuando los niños crecen entre un grupo de personas con una meta común pero nacidas y criadas en lugares y familias diferentes, estos pueden enriquecerse grandemente de la situación si los padres saben aprovecharla. El principal beneficio que veo en el hecho, es el tener las condiciones adecuadas para crecer modelando el ego y el auto control emocional y mental. Y cuanto más amplia y diversa sea la comunidad, más “protegidos” estarán los niños y más profundo será en trabajo personal que realicen. Al decir “protegidos” me refiero a que, al haber mentalidades, gustos, cualificaciones, niveles de consciencia y de prioridad de valores diferentes, a los niños por ende, no les queda más remedio que limitar su ego y aprender de tolerancia y de entrega y servicio al otro de una forma natural. Igualmente el respeto, la obediencia y una mayor humildad surgen por sí solos.

Y es que, al no estar escolarizados físicamente, el compartir diariamente muchas horas les lleva a encontrarse cada día en numerosas situaciones frente a sí mismos, reflexionando sobre el por qué de ciertos sentimientos y pensamientos promovidos aparentemente por alguna palabra, acción o actitud llevada a cabo por otro miembro de la comunidad o por los típicos juegos manipulativos del ego tan gustosos para los niños pues, como es lógico, cuanta más consciencia tenga el otro de la comunidad, más incómodo se puede sentir el niño ya que éste verá y cerciorará esa ley tan visible de: “Cuanta más consciencia tiene una persona, menos control se puede tener sobre ella”

Cuando los niños conviven con un grupo de personas no nacidas en su familia física, el sentimiento es completamente diferente a si sólo conviven con miembros de ésta. La variedad enriquece y ese sentimiento de mayor distancia, se vuelve beneficioso pues te ofrece otro punto de mira. A mayor puntos de mira, mayor consciencia. A mayor consciencia, mayor amor. A mayor amor, mayor plenitud y felicidad internas…

Por su lado, tanto los padres como cada uno de los demás miembros de la comunidad se verán “obligados” a educar a los niños. Educándolos en el día a día, minuto a minuto. Educándolos con su propio ejemplo de búsqueda de crecimiento y mejora personal. Educándolos con su propio ejemplo de aplicación de la jerarquía estipulada en la comunidad de tal modo que la resolución ante un conflicto esté enfocada al beneficio comunal que no al sentimiento de justicia e injusticia, de bueno y malo… Si se hace así, los niños pueden aprender muchísimo, como si estuviesen en la mejor de las escuelas privadas pues aquí los adultos y especialmente los padres, tendrán el control del desarrollo integral de los niños si les prestan mucha atención.

Además, el crecer en un ambiente con menos estrés ayuda a mantener el equilibrio emocional de los niños. Y es que el vivir en comunidad con miembros que se ayudan entre sí ofrece a los padres un balance psíquico y práctico gracias a la ayuda de vida en el trabajo de las labores educativas, del hogar y económicas. Por ello es imprescindible que la comunidad tenga una meta muy clara y definida.

A su vez, la comunidad ha de esforzarse en educar a los niños según las capacidades de cada uno, estimulándolos a que cada niño use al máximo dicha capacidad ya que no todos somos iguales y por tanto, no todos necesitamos una misma educación.

Por otro lado, a mayor diversidad de lenguas, mayor aprendizaje de expresión y comunicación. A mayor cantidad de miembros, mayor posibilidad de aprendizaje de materias y mayor sentimiento de sociabilidad.

Por supuesto, todo esto funciona sólo si hay armonía y consciencia social así como unos valores éticos, filosóficos, tolerantes, etc.


En resumen: Vivir y educar en comunidad ofrece al niño un terreno ideal para aprender a auto controlar y dirigir su ego mientras se desarrolla en los valores y entendimiento del ser. A su vez aprende prácticamente y bajo un control muy regulado a mantener la armonía interior y a adquirir los conocimientos y las materias necesarias para poder llevar a cabo satisfactoriamente la vida adulta. También crea un entendimiento práctico del significado de la palabra “social” y a los padres les ofrece un mayor relax y control de la situación. Lo cual, todo ello, repercutirá en un mayor beneficio del país y por tanto, del mundo y del universo.

Nuria Aragón Castro
www.nuriaaragoncastro.com


miércoles, 24 de agosto de 2011

Razones para educar en casa

Si tuviera que explicar mis razones para optar por el homeschooling o educación en casa, en realidad, darían para un libro. Dejémoslo que para mi hijo y mi familia es la mejor opción. Para cada familia hay razones diferentes.

Nosotros viajamos mucho. Por razones pedagógicas, muy poderosas, por razones emocionales y sociales, por razones personales, por las características especiales de las necesidades educativas que en la escuela convencional se moría de pena y aburrimiento, hemos decidido no usar la escuela convencional y educar en casa, o mejor dicho, proporcionar la formación global a nuestro hijo sin usar los recursos de la escuela presencial.

Hemos optado por el homeschooling y está matriculado en una escuela americana no presencial, lo que nos da la flexibilidad de ubicación, contenidos, pedagogía y horarios que necesitamos. Es más feliz que nunca ahora y además, aprende mucho más y con mayor placer.

Tiene relaciones personales y amigos elegidos y con los que se encuentra encantado, juega, hace proyectos, investiga. Nunca había tenido amigos así antes. Nunca. Tiene amigos de 5 años y amigos de 16 años, con los que comparte cariño, cuidados mutuos, intereses y juegos. En este aspecto ha ganado mucho. La faceta social ha quedado cubierta plenamente.

En el colegio no encajaba. Hablaba mucho, de temas que a ninguno interesaban, no era competitivo. Hablaba de paleontologia y no de futbol. No aceptaba como lógicos la autoridad indiscutible, las filas, los deberes, la memorización, los horarios, los castigos, pues en casa no se educa de ese modo, aunque entendía que esas normas eran del centro y era un niño muy educado que no se enfrentaba y era amable con todos. Pero no era feliz, pues todo lo que rodeaba la escuela chocaba con la educación más libre que tenía en casa ni encontraba niños de otras edades y sensibilidad semejante. Estaba bastante solo. Y sobre todo, la escuela no estaba adaptada a las necesidades educativas, creativas e investigadoras, que tenía.

Quien viviese esa situación lo entenderá bien. Y aunque es dificil asumirlo, es posible desarrollar toda la sociabilidad de un niño fuera del entorno escolar perfectamente para quien lo decida, sin menospreciar por ello la opción de la escuela.

Se siente seguro de si mismo, cosa que antes no estaba. Sabe que sabe, sabe que vale, sabe que está acompañado y que puede con cualquier dificultad.

No crece en un entorno contrario a nuestras creencias, que no son creencias religiosas sino educativas, no lo castigan ni ve castigos, no aprende por obligación sino por gusto. No estudia de memoria, sino que usa la memoria. La violencia no es cotidiana y no obedece a la autoridad ni reglas que no comparte, sino que negocia y se comunica.

Pasa mucho tiempo con sus amigos, con su madre, con su padre, aunque no vivimos juntos, con su familia, con personas de todas las edades a las que elige directamente en función de sus intereses y sentimientos. Tiene mucho tiempo para desarrollar la faceta social y emocional de su personalidad.

Habla como un loro con personas de cualquier edad. Suelen quedarse boquiabiertos de su seguridad y empatía.

Necesidades educativas

Este verano fuimos al médico. Al final la doctora se entretuvo en explicarle con gráficos la circulación de la sangre y el funcionamiento de los pulmones. Me preguntó ¿es normal? Como si no fuera normal el que un niño fuera como él.

Pues claro que es normal, solamente crece sin limitaciones a su inteligencia y su deseo de relaciones sociales. Como son todos los niños, pero ya no lo encuadran en un molde que rompía por sus características.

Pero no, aunque es muy inteligente no es diferente ni mucho menos mejor que otros niños. Incluso, sin duda, los niños que van a la escuela convencional pueden desarrollarse plenamente y la escuela ayudarles, pero en su caso no es así y el se siente mejor, más feliz, más libre, más seguro y más valorado con esta manera de aprender y de vivir.

Y sin duda saca más provecho en lo curricular y en lo afectivo. El, no todos, cada uno debe encontrar el mejor modo de crecer según sus necesidades y su entorno. Pero especialmente para los superdotados no sucede eso en la escuela normal, donde un 80% fracasa.

Ha avanzado a su ritmo, sin presiones, sin ningún agobio, sin perder tiempo en repeticiones aburridas contrarias a sus necesidades.

Pedagógicamente no entramos en conflictos. Se acabaron los deberes, los horarios interminables, el hacer exámenes de cosas que olvidas dos días después.

Actividades

Hace equitación, natación, ciclismo, recibe clases de música y teatro, además de tener profesores particulares que cubren sus necesidades en informática y matemáticas.

Ve documentales en inglés, va a museos, viaja, juega, se relaciona con otras familias de otras culturas, lee sin parar, hace obras de arte y pinta cuadros.

Yo tengo la formación adecuada para darle la educación que necesita y además tiene apoyos en el entorno para complementar lo que yo no llegue a saber. Hablo cuatro idiomas (inglés, frances, italiano y portugues), he sido profesora, se latín, filosofía, historia, geografía, música y tengo los conocimientos básicos de ciencias, matemáticas y pedagogía. Tiene apoyos pedagógicos de profesores. En realidad la mayoría de los padres, sin ser maestros ni pedagogos, he visto que son capaces de acompañar el aprendizaje básico y buscan clases de refuerzo cuando algo no pueden hacerlo, como hacen también los padres de niños que van al colegio.

En el futuro, quizá, si el lo decide aunque lo dudo mucho, se matricule en una escuela española presencial, pero tengo la tranquilidad de que crece feliz, libre, interesado en aprender y con una formación excelente humana y cultural.

Yo estoy segura de hacer lo mejor para él.

Razones para educar en casa

Hay muchas razones para educar en casa, con tranquilidad y seguridad, dándole a los niños el entorno emocional, social, cultural y pedagógico. Cada familia tiene unas diferentes y una formación y organización diferente. Nosotros solamente somos un ejemplo.

En España hay unas 2.000 familias que optan por esta manera de educar y merecen, en mi opinión, el respeto debido desde la diversidad, tanto de las instituciones como de la sociedad.

miércoles, 10 de agosto de 2011

De dioses del Olimpo

No sé si es posible generalizar tanto como para decir que los colegios matan las ganas de aprender en los niños, mientras que a los que se educan sólo en casa todo les interesa. Sin entrar en un tema tan posiblemente polémico, quería contar una experiencia que viví hace unas semanas.

Aunque a nuestro hijo de 7 años hay que andarle detrás muchas veces para que se ponga a hacer las tareas de "cole" que le damos cada día, suele tener bastante interés en los libros. No sabe leer bien, y prácticamente todos se los leemos. Este año pasado estuvimos leyendo bastantes libros sobre historia antigua, adaptados para niños. Especialmente las leyendas y los mitos griegos le resultaron atrayentes. Conoce o le suenan los nombres de los dioses griegos, y cuando oye su nombre en algún documental o película siempre se gira hacia mí sonriendo y algo asombrado, como diciendo "este me suena, si lo he estudiado".


[fuente desconocida]

Hace unos días, salíamos al parque con una amiga nuestra de diez años, y no sé cómo, se coló en la conversación el nombre de un dios griego, Poseidón posiblemente. Mientras Joel, nuestro hijo, comenzó a contar algo de lo que conocía sobre este dios, nuestra amiga dijo "¡No me lo recuerdes! Vaya rollo". Porque lo había estudiado en el colegio, de mala manera posiblemente, y no sentía el más mínimo interés por recordar nada de este tema. Más bien su interés era ni oír nombrarlo.

Por supuesto que esta experiencia no es extrapolable al resto de personas del mundo mundial, pero me hizo sentir que vale la pena educar al niño, no ya sólo en casa sino en general, con buenos libros, "libros vivos" que transmitan pasión por el tema que tratan, y no aburridos libros de texto que cansan incluso al más dispuesto.

Esto es lo que me gusta del homeschooling, la 'libertad de cátedra' a la hora de elegir educar a los niños... y a nosotros.

martes, 2 de agosto de 2011

PRECISIONES TERMINOLÓGICAS

Son muchas las veces que en alguna discusión se le resta importancia al tema discutido o a la argumentación alegando que se trata tan sólo de una cuestión de palabras, como si éstas no fueran el vehículo de nuestras ideas, pensamientos, sentimientos y emociones. Nuestros conceptos y afectos se encuentran estrechamente vinculados y nuestra acción está generalmente guiada por las palabras. "Los límites de mi lenguaje son los limites de mi mundo", afirmaba Wittgenstein. Por eso elegir la palabra adecuada puede resultar de vital importancia.

Nunca me ha gustado demasiado el término 'homeschooling' y su traducción al castellano más frecuentemente utilizada de 'Educación en Casa'. Sugiere cierta idea de aislamiento y encierro en el propio hogar que, creo, no favorece mucho la imagen que se hacen de ella las personas ajenas a esta opción formativa. 'Educación en familia' tampoco me resulta satisfactorio, ya que de alguna manera implica cierta confrontación entre la escuela y la familia como agentes educativos. La familia es, independientemente de que se asista o no al colegio, una institución educativa de primer orden y fundamental transmisor de valores, aptitudes y actitudes. Es además el referente último y el responsable primero de la educación. ¿Cómo denominarlo entonces?

Algo quizá más neutro y acertado a mi parecer sería 'educación sin escuela', o 'fuera de la escuela', 'nonschooling', 'outschooling', por ejemplo. Para quienes educamos sin escuela, el mundo entero es el lugar adecuado para desarrollar, propiciar, reforzar el aprendizaje. Los descubrimientos y la experimentación pueden y deben darse en cualquier lugar, no confinados en un lugar específico. El mundo entero es un inmenso campo de juego, un laboratorio, un taller.

Decididamente, a partir de ahora, nosotros diremos que practicamos la educación sin escuela, fuera de la escuela, que somos outschoolers, nonschoolers, que nos educamos sin límites ni fronteras. ¿Os apuntáis?

lunes, 1 de agosto de 2011

EDUCAR EN RESPONSABILIDAD


En el momento en que decidimos tener un hijo o en el momento en que sabemos que éste está ya en camino, lo habitual es que en la familia surja cierto sentimiento de miedo. Dos preguntas habituales que nos solemos hacer son del tipo: ¿Tendré, tendremos capacidad de criarlo cubriendo sus necesidades básicas? Y ¿Puedo o quiero traer un niño a este mundo con todas las cosas negativas que hay en él, que he visto, vivido y sentido en él? ¿Para qué?
Y lo cierto es que estas tres preguntas centradas en dos deberíamos de volver a repetírnoslas incluso cuando ya tenemos hijos si queremos enfocar su educación desde la responsabilidad.
Ciertamente, lo primero que queremos ante la llegada de un hijo es protegerle y con dicho deseo de protección llega el sentimiento de responsabilidad. ¿Con qué, cómo, puedo darle protección? ¿Qué necesito? ¿Con qué poder, fuerza interna puedo ofrecérselo?
Salud, una psique equilibrada y armoniosa, desarrollo de la inteligencia para un futuro laboral cómodo y estable… son cualidades que queremos potenciar en nuestros hijos. Si nosotros, los padres y educadores tenemos mucho de estas cualidades, genial, pues entonces será el momento en que estaremos preparados para dar, para ofrecer pero… ¿Y si no tenemos mucho de esas cualidades o de alguna de ellas? ¿Qué podemos ofrecerles?
La respuesta standard e inmediata a esta pregunta sería: Amor. Tengo y puedo dar amor que es lo único verdaderamente importante, lo principal… Y aquí viene un tema sobre el que os invito a reflexionar ¿De verdad pensáis, sentís que basta con el amor? ¿Basta con dar sólo amor en un mundo de guerra? De acuerdo, Cristo y muchos otros Maestros espirituales de diversas culturas y religiones supieron devolver amor cuando les trataban con extrema crueldad pero al menos en mi caso, nosotros no somos Maestros espirituales, no tengo esa misma fuerza ni consciencia. No me veo capaz de ver a mi hijo crucificado, de ofrecerle sólo amor para en un futuro ver cómo la dureza y crueldad del mundo le crucifica por no tener mucho de los otros recursos…
Precisamente por ello, considero bastante importante que cada uno de nosotros reflexionemos sobre qué podemos hacer por y para los niños y, tras esta reflexión, debemos aprender a hacer más aún por y para los niños.
Un ejemplo muy simple: Vivo a caballo entre dos centros comerciales: el de Benidorm y el de Ondara (Alicante) ¿Qué es lo que me hace permitir a mis hijos (14 y 15 años ahora) el que vayan al centro comercial de Ondara y no permitirles el que vayan al de Benidorm? Precisamente la respuesta no está en mi comodidad pues a Ondara he de llevarles y luego recogerles en coche mientras que a Benidorm pueden ir y volver solos en tren. La razón que me lleva a permitirles Ondara y no Benidorm es única y básicamente de responsabilidad pues considero que el de Ondara es mucho más sencillo, menos problemático, más pequeño y con una estructura más elemental al ser una elipse sin recovecos, un lugar donde ante cualquier situación conflictiva, el niño podrá tener muchos más recursos para dominar la situación así como ser ésta más visible ante todo el mundo teniendo por tanto una mayor posibilidad de apoyo…
El problema surge cuando normalmente los padres estamos cargados económica y emocionalmente y para colmo, sin apenas tiempo. ¿La consecuencia? Una búsqueda de mayor comodidad en nosotros que repercute en la educación de los niños siendo menor nuestro grado de tolerancia, entrega y capacidad educativa hacia ellos. ¿Y qué ocurrirá entonces cuando los niños sean adultos? Pues seguramente que actuarán igual o más extremamente para con sus hijos y así es como nos encontramos, construimos, un mundo que en cierto sentido cada vez va de mal en peor.
La educación de unos hijos supone una responsabilidad mucho más grande que el mero hecho de ofrecer amor.
Del mismo modo, los padres homeschooling, si queremos asumir lo más posible nuestra responsabilidad educativa como suele ser el caso, debemos ofrecerles a nuestros hijos más de lo que ofrecen las escuelas. Y para ello es sumamente imprescindible que aprendamos, tengamos informaciones sobre la ética y la filosofía. Atención: hablo de filosofía y de ética, no de religión, lo cual también puede ser un beneficio pero ese es otro tema. Aquí hablo de la forja del carácter, del entendimiento de la mente y del sentido de la vida. Si aprendemos de ello y lo vivimos de un modo práctico, podremos ofrecérselo a nuestros hijos los cuales crecerán en responsabilidad para consigo mismos, para con la sociedad y para con la vida contribuyendo con ello a la existencia de un mundo que mejora por momentos.
Nuria Aragón Castro
http://www.nuriaaragoncastro.com

domingo, 24 de julio de 2011

El futuro del homeschooling en España

El movimiento homeschooler tiene un lógico debate abierto para definir el mejor modo de conseguir el objetivo del reconocimiento necesario para esta opción educativa perfectamente normalizada en nuestro entorno europeo.

Las familias que educan en casa usan fórmulas pedagógicas muy variadas y tienen, también, situaciones personales diferentes, por lo que una solución negociada, en mi opinión, no podría nunca excluir a parte de las familias que educan responsablemente a sus hijos aunque no sigan el modelo que propone la escuela tradicional y oficial en cuanto a método, evaluación o contenidos.

Hay que entender que, dada la variedad de metodologías pedagógicas válidas y de las concepciones sobre la estrategia más adecuada para lograr que el homeschooling sea algo reconocido y se pueda realizar sin problemas, además de la postura de ALE, que es mayoritaria en el movimiento y de ámbito estatal, hay otros grupos que proponen maneras algo diferentes de abordar el problema de las familias que educan en casa.

Si queremos conocer la complejidad del movimiento, además de la página de ALE, podemos visitar otras páginas como Educación en Familia , la Coordinadora Catalana para el reconocimiento y la regulación de la Educación en Familia, y Crecer en libertad.

La riqueza y pluralidad del movimiento homeschooler se nutre también de las diferentes formas de enfocar la solución al conflicto de las miles de familias españolas que educan en casa o desean hacerlo ante la falta de reconocimiento de esta opción educativa.

Y precisamente la riqueza del movimiento y su éxito, pasa, en mi opinión, por la capacidad de entenderse y dialogar desde la conciencia de los objetivos comunes y no de las diferencias, pero siempre teniendo en cuenta que el futuro del homeschooling debe cimentarse fórmulas que no excluyan a ninguna familia responsable.

viernes, 24 de junio de 2011

Homeschooling en España

La educación en casa es una opción educativa aceptada y normalizada en Europa, excepto en Alemania, donde nunca se ha llegado a eliminar una ley del nazismo que lo prohibió, y que además es muy común en Estados Unidos, donde los estudiantes homeschoolers son muy apreciados por las universidades por su formación crítica y su responsabilidad.

En Cataluña ya hay un avance en el reconocimiento del homeschooling aunque no ha sido desarrollado el marco legal completamente, como explica la profesora de derecho Madelen Goiria en su blog “La opción de educar en casa”.

En España puede haber unos 4.000 niños que estudian en sus casas, con diferentes modelos y por diferentes razones, y la asociación que más familias suma es la Asociación para la Libre Educación, que pide desde hace años el reconocimiento de la educación en casa y la posibilidad de que estos niños se puedan presentar a exámenes libres a los 16 años sin sufrir discriminación.
El estudio del profesor Carlos Cabo y los libros publicados por la Asociación para la Libre Educación dan una visión completa de la variedad del movimiento homeschooler en España y de la normalidad en la que estas familias se desarrollan.

El homeschooling es normal

Thomas Edison, Ágata Cristhie, Mozart, Frank Lloyd Wright, Louis Armstromg, Beatrix Potter, Hans Christian Andersen, Alexander Graham Bell y Jane Austen fueron homeschoolers entre otros muchos, algunos durante toda su infancia y otros durante un tiempo.

También lo son muchos personajes conocidos en la actualidad, como Julian Assange, Condolezza Rice, Elijah Wood, los Jonas Brothers, todos de muy diferente orientación ideológica o profesional, y otros muchos quizá menos conocidos para el público español, pero que son la muestra palpable que los niños que son educados en casa pueden desarrollar sus carreras académicas y su personalidad de forma completa.

No olvidemos que, en España, existe un centro oficial de educación en el hogar para niños que residen en otros países, para niños que viven en el circo o para los que ejercen profesiones como cantantes o actores, además de para los deportistas de élite.

En estos casos, la insistencia en que la socialización normal solamente se da en la escuela parece tener poca importancia y, sin duda, la escuela no es el único ambiente en el que crecer con una rica vida social y emocional con personas de todas las edades y amigos con los que jugar y compartir.

Una buena parte de las familias que educan en casa lo hacen, exactamente igual que quienes mandan a sus hijos a un internado, matriculando a sus hijos en escuelas de otros países donde la educación en casa es algo normalizado, para acceder a la titulación convalidable y demostrar que sus niños reciben una educación de calidad y homologable.

Otras prefieren hacerlo directamente sin escolarización a distancia y, en mi opinión y experiencia, ambos métodos son válidos.

miércoles, 15 de junio de 2011

Las Flores de la Libertad.

Cuando se elige el camino de educar en casa uno no sabe muy bien hacía dónde le llevará pero tiene la profunda sensación de que está haciendo lo correcto, lo siente desde el fondo de su corazón. Y poco a poco el día a día se va instalando, la luz se hace cada vez mas clara, el ambiente se hace cada vez mas acogedor y surge el espacio creativo en cualquier lugar, en cualquier momento... estar en casa es despertar todos juntos con el sol, es contarnos nuestros sueños y recogerlos en un cuaderno, es preparar el desayuno hablando de las frutas y los cereales, es ir a ver el huerto y cuidarlo, es poder decidir lo que vamos a hacer, es investigar, comparar, contrastar, intercambiar puntos de vista, manejar las informaciones con cuidado, es poder poner todos juntos las manos en la masa y hacer el pan de cada día, es cocinar en equipo compartiendo impresiones sobre los alimentos y las bebidas, es salir a pasear para escuchar lo que nos cuentan las flores, los árboles y el cielo, es disfrutar de las actividades de la tarde (teatro, música, fútbol, karate o piscina según el niño y el día), es compartir momentos en la biblioteca para elegir cultura, es escuchar los cuentos y las historias de los abuelos que son los guardianes de otros tiempos que no podemos olvidar, es todo eso y mucho mas... sin horarios, sin presión de ningún tipo, sin notas ni exámenes, sin puertas cerradas, sin competitividad... sin la impresión de que nuestros niños se están convirtiendo en las ovejas de un futuro controlado por el Gran Hermano.

Todos somos alumnos en la escuela de la vida, todos tenemos que aprender de todos y todos tenemos que transmitir a todos lo que llevamos dentro porque vengamos de dónde vengamos, todos hemos elegido un mismo camino hacía la libertad y por muy difícil que sea ese camino, juntos llegaremos mas lejos...
Todo el mundo puede caminar por el campo pero muy pocos pueden ver las flores...

Educar en Libertad y Libertad para Educar... porque el que nace en libertad, el que crece en libertad, el que aprende en libertad podrá elegir, transmitir y plantar mas semillas que nacerán, crecerán y aprenderán en total LIBERTAD.

Abel-Darío, Léo-Kéna, Nathalie y Raúl... compartiendo espacio con todos vosotros.

http://dentrodelaluz.blogspot.com/

martes, 14 de junio de 2011

Mafalda y "mis razones" para educar en casa

Si quisiera argumentar las razones por las que creo que la “educación en casa” es la opción válida para acompañar el desarrollo pleno de mi hija y mi hijo, podría buscar y recurrir a múltiples fuentes, autores/as, argumentos... pero lo principal ya lo he dicho: es la mejor manera que he encontrado para acompañar a mi hija y mi hijo en su pleno desarrollo humano.

Desde el respeto a su potencial humano, sus procesos de vida, y con el máximo cariño y amor que puedo darles (imprescindible para sus vidas y la mía), elementos que serán imprescindibles para que se respeten a sí mismos y a su entorno, para que crezcan -en todos los sentidos- y para que contribuyan a un mundo más habitable y justo social, económica y ambientalmente.

Para mí la “educación en casa” es la educación en la familia, en la comunidad, junto a otras familias, en lo local, en lo cercano, en lo concreto, en lo real, en lo que verdaderamente puede serles útil, y en lo que les permitirá ir hacia lo global, lo abstracto, lo lejano, lo invisible, lo social en toda su complejidad. El descubrimiento de la vida desde sus entrañas, en un marco de libertad e investigación, es la vida que llama a la vida.

Huye de los artificios y mentiras sobre las que se sustenta nuestro sistema cultural y otros sistemas culturales humanos (productividad económica y competitividad individual y colectiva), sobre mi escala de valores. En este sentido creo -humildemente- que es una gran aportación no sólo a mi hija y mi hijo, sino a la sociedad toda, la pasada, la actual y la futura, la local y la global.

Si tuviera no obstante que hacer un argumentario, bueno, empezaría recomendando a Quino, maravilloso autor de Mafalda y toda su familia de personajes. Quino nos ofrece un montón de argumentos válidos para entender los procesos de vida, la necesidad imperiosa de anteponer el pleno desarrollo humano individual y colectivo al individualismo y la alienación reinantes, y, encima, ofrece un montón de agudas y honestas críticas al sistema educativo reglado de su Argentina vivencial, increiblemente válidas hoy en día en nuestro sistema educativo reglado...

Jose África

viernes, 3 de junio de 2011

Intercambios

Cuando educamos en casa no estamos solos, estamos rodeados de amigos, conocidos, profesionales de todo tipo… en fin, estamos rodeados, insertados e inmersos en la sociedad en la que vivimos. Eso significa que no tenemos que hacerlo todo solos, podemos pedir ayuda.

Una de las formas más enriquecedoras de pedir y ofrecer ayuda al mismo tiempo es el intercambio. Poder, quedar con otra familia de homeschoolers y que cada uno pueda ofrecer sus conocimientos a la otra es fantástico. Nosotros lo estamos comprobando en nuestra propia piel, ya que hacemos intercambio de idiomas con otra familia homeschoolers que vive cerca de nuestra casa. Nosotros les ayudamos a perfeccionar su español y ellos nos ayudan en nuestro estudio del alemán. Pero no es solo aprendizaje de un idioma lo que nos aportan, si no amistad, compañía, juegos, cariño… cuando haces un itnercambio académico siempre consigues y aportas mucho más, así que os animo a todos a que intercambiéis matemáticas por sociales, química por árabe, lengua castellana por bricolage, etc, descubriréis muchas ventajas al hacerlo.

Azucena Caballero

jueves, 2 de junio de 2011

enseñar lo que no se sabe


Una de las muchas reacciones adversas que pueden encontrarse los padres que deciden educar a sus hijos fuera de la escuela cuando comunican su decisión a personas que lo desconocen todo sobre esta opción es la consabida: “pero, ¿cómo vais vosotros a enseñar a vuestros hijos todas las asignaturas?”. En primer lugar estas personas no saben que dentro del movimiento “homeschooler” hay muchas tendencias, desde las que aplican un currículo clásico guiado por libros de textos hasta los “unschoolers” más radicales que buscan la libre autorregulación del aprendizaje guiado por la natural curiosidad de la infancia, pasando por aquellas personas que hacen uso de plataformas telemáticas para la auto-educación a distancia. Pero lo que más nos llama a nosotros la atención de esta respuesta airada y sorprendida, es la total confianza en que la educación – como casi todas las cosas importantes de la vida – dependen por completo de la actuación de especialistas. Dejar los asuntos de importancia en manos exclusivas de especialistas, es una de las consignas de los tiempos que corren. En el caso de la educación, esconde una concepción muy concreta del proceso educativo. Es lo que Freire llamó concepción bancaria de la enseñanza. Según este modelo la educación consiste en la transmisión de unos conocimientos que el maestro posee y de los que el alumno carece, como si éste fuera un recipiente vacío y aquel una botella llena. Educar sería por tanto llenar las botellas de los alumnos de conocimiento. El maestro, sobre todo, evaluaría el proceso, comprobando el contenido de las botellas después de su actuación y etiquetándolas debidamente para su posterior salida al mercado laboral, dependiendo de la cantidad de líquido que hayan conseguido guardar en su interior. Frente a esta concepción bancaria, Freire nos recuerda que nadie enseña en verdad nada a nadie, pero que tampoco se aprende en soledad, sino que el aprendizaje nace de la relación de uno con los otros: que siempre se aprende con los demás. Enseñar no es llenar recipientes vacíos sino hacer cosas con los demás y reflexionar con ellos sobre lo que se hace: cuando aprendemos no es que algo entre en nosotros, sino más bien que algo sale de nosotros, que una nueva capacidad se manifiesta.

En este sentido, puede venir a nuestra ayuda la muy curiosa figura del maestro francés Jean-Joseph Jacotot. Este maestro de principios del siglo XIX, hijo de la revolución francesa, realizó un singular descubrimiento que la historia de la pedagogía intenta mantener con toda su fuerza en el olvido: una persona puede enseñar aquello que ignora. No es necesario ser especialista en una materia para conseguir que los educandos la dominen, es más, que la educación esté en manos de especialistas, de sabios, es contraproducente, porque contribuye a forjar ignorantes y a sumir a las personas en la dependencia. Los niños y las niñas se valen de su propia inteligencia sin necesidad de las explicaciones de un maestro para realizar el más difícil de los aprendizajes, el de la lengua materna. “Ellos oyen y retienen, imitan y repiten, se equivocan y se corrigen, tienen éxito por suerte y vuelven a empezar por método, y, a una edad demasiado temprana para que los explicadores puedan empezar sus instrucciones, son prácticamente todos –sea cual sea su sexo, su condición social y el color de su piel– capaces de comprender y hablar la lengua de sus padres”. Inmediatamente después se presupone ignorantes a los niños y se les explican los conocimientos y se verifica su aprendizaje como si ellos no supieran realizar ya dichas tareas. El maestro explicador, el maestro sabio, es el que precisa de ignorantes a los que enseñar y no al revés. Si una inteligencia se impone a otra inteligencia establece y perpetúa una jerarquía. El maestro debe alimentar la voluntad de aprender, partiendo de la revolucionaria idea de la igualdad de las inteligencias: todo el mundo puede comprenderlo todo, todo conocimiento humano es accesible a los humanos. La igualdad no es una meta, si no un punto de partida, la meta de la educación es la autonomía, la emancipación. Sin embargo todo el sistema educativo, a pesar de sus buenas intenciones, está diseñado para perpetuar las jerarquías y promocionar la ignorancia: es la escuela la que genera el fracaso escolar. De esta forma dice Jacotot, un padre analfabeto puede enseñar a sus hijos a leer, debe sólo preguntar (y probablemente ser conducido él mismo por el proceso a aprender) Jacotot consigió que sus alumnos holandeses aprendieran el francés sin conocer él la lengua que ellos hablaban y sin dar una sola explicación, sólo plantándoles frente al problema y alimentando su voluntad de aprendizaje. Por nuestra parte, constatamos también hace ya unos años, gracias al azar, que ignorando casi por completo el latín, materia que nos vimos obligados a “enseñar” a un grupo de 4º de la ESO, nuestros alumnos nos aventajaban en unas pocas semanas – a excepción de aquellas personas a las que no conseguimos alimentar la voluntad de aprenderlo. El maestro se limitaba a preguntar y los alumnos se corregían los unos a los otros aprendiendo juntos y el maestro les iba a la zaga intentando aprender él también.

Por eso las personas que reaccionan como decíamos al principio del texto, sorprendidos de que una madre y un padre puedan acompañar a su hijo en la aventura de la educación, lo que nos recuerdan es que nosotros mismos debemos desescolarizarnos. Desde pequeños la escuela y los maestros explicadores, nos han acostumbrado a que siempre hay alguien que sabe y a hacernos dependientes de esos expertos. Son otros los que toman las decisiones y otros los que aportan las soluciones, nos han recluido en una permanente minoría de edad: debemos aprender a retomar las riendas de nuestras vidas y a no negarle a nuestros hijos nuestra confianza en su inteligencia y su dignidad, para que nunca, nunca, sean tratados por nadie como menores de edad.

Fernando Orozco Jabato

viernes, 29 de abril de 2011

Educar en casa: un derecho inalienable

Educar en casa es un derecho. La Constitución garantiza el derecho de los padres de educar a sus hijos en base a sus convicciones morales y/o religiosas, y eso incluye poder educar en casa, independientemente de lo que un juez o tribunal concretos y puntuales pueda opinar en un momento circunstancial (Os recuerdo a todos, queridos lectores, que después de la famosa sentencia del Constitucional de diciembre de 2010 han sido archivados por fiscalía o el juez tres casos de homeschooling distintos, por lo que es evidente que es una opción que se puede considerar legal, si no no la permitiría ningún juez).

Es un derecho al estilo de cómo lo son todos los derechos en el Estado español, que están reconocidos o permitidos (educar en casa entraría en la categoría de permitidos pero aún no reconocidos), pero apenas garantizados. En España ya estamos acostumbrados a que para ejercer nuestros derechos tengamos que luchar mucho, pero no solo para derechos que deseamos ejercer una minoría, como pueda ser el homeschooling, o la adopción por parte de familias monoparentales u homosexuales, que muchas dificultades también encuentran a la hora de hacer prevalecer sus derechos en nuestra sociedad castiza y paleta, la verdad es que para derechos que consideramos tan básicos como la vivienda, el trabajo o la igualdad, por no hablar de la salud, no veas lo que hay que luchar en ocasiones, porque en España no se garantiza nada, ninguno de los derechos más básicos y fundamentales para cualquier ciudadano del planeta están garantizados en nuestro país, pero eso sí, nos creemos que formamos parte del primer mundo. ¿Estamos seguros de ello?
Si nadie duda de que tener trabajo es un derecho, tener una vivienda digna es un derecho, o tener un servicio de salud público es un derecho, independientemente de si el Estado lo garantiza o no, que nadie dude que elegir como educar a un hijo es también un derecho, lo garantice el Estado o no. Es nuestro derecho inalienable como padres, y debemos ejercerlo.



Azucena Caballero